jueves 26 de marzo de 2020 - 12:00 AM

Pandemia y corrupción

si no se cambian ya los comportamientos de todos ante esas conductas delictivas que han convertido los presupuestos públicos en cotos de caza y botín de tales sujetos, no habrá drama social que se pueda superar.
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El economista Mauricio Cabrera en su columna del domingo se preguntaba de dónde van a salir los billones para atender esta emergencia económica y social que enfrenta el país por el coronavirus. Más adelante anotaba: “¿de dónde vamos a sacar 30 billones que equivale al 20% de los ingresos tributarios?” Pues bien, ya hemos conocido las múltiples alternativas que el gobierno a través de decretos está implementando para atender tan grave crisis, algunas de esas cuestionadas por quienes conocen los temas económicos. Ojalá resulten buenas y suficientes para enfrentar la cuarentena y sus posteriores consecuencias, dirigidas hacia los más desvalidos, informales, clase media trabajadora, etc.

Sin embargo, ante las válidas inquietudes del Dr. Cabrera, vino a mi mente de inmediato lo que se denunció hace varios años por la Contraloría General de la República y ratificado por el actual contralor, y es cómo se roban al año 50 billones de pesos o más a través de dolosas contrataciones, elefantes blancos territoriales, proyectos amañados y mal diseñados o ficticios, donde se han visto comprometidos contratistas de profesión, poderosos empresarios o como llamaban antes “caballeros de industria”, funcionarios públicos deshonestos, etc. Pues de esa suma multimillonaria que ha enriquecido a una serie de pícaros y vagabundos -hoy convertidos en aceptados y tolerados potentados- se hubiera podido asumir con menos angustia y más tranquilidad este reto tan serio que gobierno alguno haya podido conocer.

Algunos cínicos podrán decir: “para qué llorar sobre la leche derramada”. Pero si no se cambian ya los comportamientos de todos ante esas conductas delictivas que han convertido los presupuestos públicos en cotos de caza y botín de tales sujetos, no habrá drama social que se pueda superar. Esos individuos que mucha gente conoce porque alternan con ellos, les celebran sus audacias con nuestros impuestos, tienen negocios comunes, los llevan a los centros sociales y los hacen sus pares, tienen desfalcado al país. ¿Por qué no están presos y sus mal habidas propiedades incautadas? El coronavirus se parece mucho a la corrupción: se expande exponencialmente y la única manera de combatirlo es aislándolo. Así se debe hacer con los corruptos.

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