jueves 10 de noviembre de 2022 - 12:00 AM

Paz y poder

Entre estos dos términos no hay dilema alguno en una sociedad. ¿Para qué se quiere el poder si no hay paz?. Este razonamiento debe ser tenido en cuenta por los que nos gobiernan, pues si no lo asumen de esa manera y se comprometen con ello, la alternativa que surge para una cultura ancestral de violencia como la nuestra, es la guerra. A muchos les gusta y la han sufructuado de tiempo atrás pérsidamente, olvidando que la paz obtenida con la punta de la espada, no es más que una tregua. En ella hemos estado inmersos desde el 20 de Julio de 1810 hasta nuestros días. En el siglo XIX por cada Constitución que nos dimos, su antecedente fue una confrontación patricida que nos llevó hasta la horrorosa Guerra De Los Mil Días. Y todas estas inútiles reyertas que costaron millones de vidas y atraso social en múltiples ámbitos, terminaron en pírricas victorias o en una mesa de diálogo.

Como decía uno de los participantes en las guerras federales del mencionado siglo: “Después de tanto pelear para terminar conversando”. Es decir, haciendo política. Esas conflagraciones culminaron en pactos horizontales, selladas al final con una amnistía, cosa diferente a lo que ocurre ahora. En efecto, con el tiempo las cosas han cambiado y para esta época uno de los mandatos de la actual Constitución Política, Artículo 22 ordena: “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”. En consecuencia quienes han llegado al poder tienen este compromiso ineludible e irreversible. Por lo tanto, si ya existen logros en ese campo, es decir, acuerdos de paz acordados y suscritos como el firmado entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC deben impulsarlos, mejorarlos y fortalecerlos, no destruirlos. El gobierno anterior de manera soterrada, por debajo de la mesa, no acató como era su obligación los mandatos del citado acuerdo, dejándole al mandato actual grandes vacíos que pudieron ser el germen de las disidencias. Recordemos que estos acuerdos son política de Estado, no de un programa de gobierno pues como todos ellos son transitorios y efímeros.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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