jueves 30 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Pérdida de investidura

Esta drástica medida judicial no solo debía aplicarse a los ausentistas, también a los que van a las Cámaras a calentar silla, no presentan proyectos, no intervienen
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El día sábado 25 de mayo se hizo pública en este diario la noticia de que el Consejo de Estado había admitido las primeras cinco demandas interpuestas por la Veeduría Ciudadana “Trabajen Vagos” en contra de igual número de congresistas que cobraron su salario normal “pese a que se ausentaron injustificadamente en varias sesiones de plenarias entre 2014 y 2018”. Al final de la información se advierte que están en curso otras nuevas demandas y en esa “lista se encuentran incluidos dos legisladores santandereanos”. La mencionada figura legal está prevista en el artículo 183 de la Constitución Política, numeral 2, complementada con el artículo 184 de la misma, y su consecuencia en el evento de probarse las imputaciones anotadas es la muerte política del encartado.

Para los ciudadanos este tipo de conductas ha sido recurrente desde hace muchos años, al ser enterados de los comportamientos ligeros e irresponsables de un grupo significativo de congresistas que eluden su deber de asistencia a las reuniones del Parlamento, obligación que el pueblo les delegó, y que son birladas acudiendo a presuntas excusas, incapacidades médicas, problemas familiares, etc., que a la postre no tienen el suficiente respaldo en la realidad. Agreguemos que hay otros procederes cuestionables conocidos como contestar a lista, firmar la asistencia y “volarse” del recinto congresional, lo que al parecer ocurre a diario. Toda una vergüenza que afrenta la función pública.

Esta drástica medida judicial no solo debía aplicarse a los ausentistas, también a los que van a las Cámaras a calentar silla, no presentan proyectos, no intervienen en las sesiones, transcurriendo sus períodos con más pena que gloria, pues sus aportes son nulos, cobrando sus jugosos estipendios, sin respaldo en una labor efectiva. Por fortuna hay un número importante de miembros del Congreso que sí cumplen a cabalidad con sus deberes y obligaciones, rescatando la imagen de esa Corporación.

Cal Thomas, columnista americano afirma con razón, motivado en circunstancias de esta índole: “... la gente odia la política, porque la verdad rara vez es el objetivo del político. Las elecciones y el poder lo son...”.

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