jueves 12 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Reflexiones

Ángel Ganivet fue un ensayista español, nacido en Granada, precursor de la Generación del 98.

Una de sus obras más destacadas es el ensayo 'Ideario Español', un intento de interpretación de la esencia española. De su examen he logrado unas cuantas ideas, aplicables en alguna proporción a la situación que ha vivido nuestro país: un pueblo no puede, y si puede no debe vivir sin gloria. Pero tiene muchos medios de conquistarla, y, además, la gloria se muestra en formas varias. Hay la gloria ideal, la más noble, a la que se llega por el esfuerzo de la inteligencia. Hay la gloria de la lucha por el triunfo de los ideales, de un pueblo contra los de otro. Hay la gloria del combate feroz, por la simple dominación material. Hay la gloria mas triste, la de aniquilarse mutuamente en luchas interiores.

Colombia ha conocido todas las formas de la gloria, y desde hace largo tiempo hemos querido superar la gloria triste, la de la guerra interior. Para ello debemos comenzar por reconocer que nuestro temperamento, excitado y debilitado por inacabables periodos de lucha que refiere nuestra historia, no acierta a buscar un medio pacifico y a hablar por signos mas humanos que los de las armas. Veamos que es lo que normalmente ocurre: cuando alguien se enamora de una idea y la enarbola como bandera, la convierte por lo general en un medio de combate. Entonces, no lucha porque la idea triunfe, lucha porque la idea sea visible y acude inclusive a formas destructoras para imponerla.

Es así como el discurso se utiliza como instrumento de demolición, y no de convicción; es más, en algunos casos se apela por el precursor de la idea, al motín, a las diferentes formas de manifestación de la violencia, en fin, simplemente a la guerra.  De esta suerte las ideas, en vez de servir para crear obras durables que reivindiquen los derechos de toda una comunidad, a la postre sirven para aniquilarlo todo, pereciendo ellas (las ideas) también entre las ruinas.

Nuestra condición ha carecido de rumbo durante mucho tiempo por falta de liderazgos sensatos que canalicen las buenas ideas y derroten lo que Ganivet llamaba, la gloria triste.  He ahí por que muchos filósofos pregonan que independiente de que en algún momento las sociedades necesitan las armas para reivindicar ideas, un hombre armado con una buena idea lo que proclama es su flaqueza.

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