jueves 31 de agosto de 2023 - 12:00 AM

Rafael Gutierrez Solano

Rumbo democrático

Si hablamos de la precariedad estatal podemos señalar que la falta de ejecución que existe a nivel ministerial, criticada por el propio presidente, muestra unas falencias notorias

Eso es precisamente lo que no tiene este país debido a la incertidumbre y falta de ejecución que envuelve al llamado gobierno del cambio. Resulta en consecuencia pertinente ocuparnos del contenido de un ensayo de Eduardo Pizarro que él tituló “Colombia: ¿hacía una salida democrática a la crisis nacional?”, presentado hace bastante tiempo ante un congreso internacional en Los Ángeles y cuyos argumentos allí sostenidos como cosa particular siguen explicando el desbarajuste nacional. Él afirma que estamos frente a un Estado precario, fragmentado políticamente, con unos desequilibrios regionales y sociales protuberantes a los cuales se añaden la falta de liderazgo gubernamental y un alto grado de corrupción. Acá están las raíces de “las violencias” que hemos venido soportando desde hace muchos años, y que una dirigencia como la actual no ha sido capaz de contener porque quienes deberían hacerlo, están siendo detenidos para combatirlas so pretexto de una paz total.

Si hablamos de la precariedad estatal podemos señalar que la falta de ejecución que existe a nivel ministerial, criticada por el propio presidente, muestra unas falencias notorias que no presentan ante los ciudadanos un Estado fuerte y decidido. La fragmentación política se nota en que no ha sido posible consolidar unas mayorías con las cuales apelando a la conciliación y al consenso, se puedan impulsar con éxito unas cuestionadas reformas como la salud, la laboral y la pensional. Los gremios e industriales se quejan y con razón de que el gobierno hace oídos sordos a su interés por participar en las reformas que no han desconocido que son necesarias, pero ha sido noticia pública que en tratándose de la laboral ni siquiera fueron citados para escucharlos. Esto es una vergüenza que tienen que pagar los ciudadanos del común que son a los que en últimas permean todos estos cambios.

Los desequilibrios regionales y sociales se notan en la falta de comunicación con los mandatarios, que insistimos como lo dijimos en otras columnas, en un grado de desprecio que no se justifica con el volumen de problemas que se tienen en las regiones. Por ejemplo, en el Meta y la vía al Llano.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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