jueves 04 de junio de 2020 - 12:00 AM

Trabajo y libertad

...en las circunstancias excepcionales conocidas nos encontramos “privados de la libertad” o en un “arresto domiciliario obligatorio”, sin previo aviso, o proceso de alguna índole por un tema crucial y de salud pública...
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Perder la libertad ni en jaula de oro” es un adagio popular muy conocido que se identifica o muestra el valor inmenso que representa para cualquier ciudadano, desde siempre tal derecho fundamental. En el artículo 13 de nuestra Constitución Política se consagra que “...todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades...”. Recordemos también el lema de la Revolución Francesa: “...libertad, igualdad, fraternidad”. En fin, el tema es muy amplio y trascendente y tales referencias las hago porque en las circunstancias excepcionales conocidas nos encontramos “privados de la libertad” o en un “arresto domiciliario obligatorio”, sin previo aviso, o proceso de alguna índole por un tema crucial y de salud pública que nos compromete a todos.

Por ello estimo que deben respetarse y acatarse unos principios humanitarios no sólo en las relaciones interpersonales, sino en las de teletrabajo, sugeridas por el gobierno canadiense en esta coyuntura, para los que seguimos laborando de forma activa, en razón a que lo que se presenta es una circunstancia anormal que ha transformado nuestras viviendas en oficinas de labor. Los postulados a tener en cuenta son los siguientes: “Defender nuestra salud física, mental y emocional, como lo más importante. No tratar de compensar la pérdida de productividad trabajando más horas. Serás amable con los demás y no juzgarás la manera como ellos están afrontando esta situación basado en tu experiencia personal. El éxito de tu equipo no será medido de la misma forma que cuando las cosas eran normales”.

Considero que para estas épocas donde con tanto ahínco se promueven y defienden los derechos humanos -no sólo los propios, sino los de los demás- resulta prioritario continuar en lo posible con nuestras actividades laborales, sin flagelarnos, ni flagelar a los demás, porque apelando al sentido común, enfrentamos una situación excepcional, de carácter mundial, que por lo que se presume generará cambios evidentes en asuntos económicos, laborales, culturales, etc. , más que en las personas, de lo cual estoy seguro.

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