jueves 02 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Vandalismo artero

Estas circunstancias me llevan a creer e insistir en que únicamente cabe la libertad donde hay un Estado fuerte y sólidamente constituido.

La palabra vandalismo es sinónimo de destrucción o barbarie, por ende tal calificativo es apropiado utilizarlo cuando identificamos conductas repudiables que atentan contra lo que nos es común a todos, en particular si ese reprochable comportamiento afecta el patrimonio histórico, base de nuestra cultura ancestral, dominio de la comunidad ciudadana. Al enterarnos hace poco tiempo de los últimos desmanes protagonizados por vándalos en la ciudad de Bogotá -cuya excusa fue una protesta pacífica- donde se vio comprometida la integridad de uno de los íconos más sagrados de la República como la Catedral Primada de Colombia, no podemos exigir menos al gobierno y a las autoridades que proceder con mano dura ante semejantes demostraciones de salvajismo. Este templo así reconocido desde 1902 por el Papa León XIII, está situado en la misma área donde se encuentran las principales instituciones políticas de la Nación, además de Ministerios, teatros y museos.

Mientras cientos de miles de personas en el mundo lloran y apoyan con dinero la reconstrucción de Notre Dame en París, acá unos delincuentes encapuchados y cobardes atentan contra uno de los bienes más preciados por los colombianos. Estas circunstancias me llevan a creer e insistir en que únicamente cabe la libertad donde hay un Estado fuerte y sólidamente constituido. Si el Estado es débil o vacila en sus determinaciones, la injusticia de los unos tratará de imponerse al derecho de los otros. Si el Estado es poderoso sin ser arbitrario o totalitario, entonces es fácil mantener y hacer respetar los derechos de los individuos. El reclamo popular tiene unos límites, y cuando éste se desborda, la fuerza del derecho y del establecimiento deben prevalecer. No olvidemos que la maldad rinde...

La vergüenza está en el crimen, no en el patíbulo. ¿Cuántos de esos sujetos agresores están hoy presos y procesados, augurándoles penas ejemplarizantes que sirvan de escarnio a sus viles imitadores? No se puede claudicar y permitir que estos escenarios se repitan en otros lugares de la Nación, como ha ocurrido con frecuencia. Este país es demasiado tolerante con los delincuentes.

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