domingo 15 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Calidad de la educación, de mal en peor

Ahora, si la educación privada en Colombia es mala, como lo prueba PISA, la pública es un desastre. Las pruebas SABER 2018 muestran que solo hay ocho colegios oficiales entre los primeros 500 colegios y el mejor califi-cado es el nú-mero 100. La base de la educación de calidad son los profesores.
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Los resultados PISA 2018 muestran, una vez más, un panorama sumamente grave de la educación en nuestro país. Colombia quedó de último entre los miembros de la OCDE y de 58 entre todos.

La calificación fue de 412 puntos en comprensión de lectura, volviendo al nivel del 2009. El 50% de los estudiantes está en el nivel 1 o 2 de lectura, es decir, no es capaz de identificar la idea principal en un texto. Y solo el 1% alcanzó los niveles 5 o 6, los más altos.

En ciencias fue parecido. La calificación fue de 413, tres puntos menos que en el 2015. Acá también cerca del 50% de los estudiantes están en los niveles 1 y 2. En matemáticas hubo una mejora insignificante: el promedio fue de 391, un punto más que en el 2015, pero aún más abajo (99 puntos) que el promedio de 489 de la OCDE. El 65% de los estudiantes colombianos calificó en el nivel 1 y de nuevo solo el 1% estuvo en los niveles 5 o 6.

Ahora, si la educación privada en Colombia es mala, como lo prueba PISA, la pública es un desastre. Las pruebas SABER 2018 muestran que solo hay ocho colegios oficiales entre los primeros 500 colegios y el mejor calificado es el número 100.

La base de la educación de calidad son los profesores. Buenos profesores hacen buenos estudiantes. Pero la clave no está en los estudios de los maestros. En Dinamarca, el 5,8% de los estudiantes socioeconómicamente aventajados y el 2,7% en desventaja tienen profesores con maestría. En Colombia son más. Se puede tener doctorado en Harvard y ser un pésimo profesor. Claro que hay que hacer un esfuerzo enorme en la formación de los maestros, cuyas facultades universitarias son malísimas, pero la calificación de los profesores debe hacerse con base en las de sus alumnos y no por los grados universitarios.

Y ahí está el problema: Fecode no ha permitido una evaluación correcta de sus miembros. Se ha dedicado a acrecentar sus privilegios, a politizar a adoctrinar en un socialismo cavernario a los alumnos, y le importa un comino la calidad de la educación que sus afiliados imparten. Es de esto que hay que hablar en las “conversaciones” con el gobierno. Y de cómo gastar bien el presupuesto. Los aumentos presupuestales, sin cambios en la calidad de la educación, es dinero que va a la basura.

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