domingo 22 de enero de 2023 - 12:00 AM

Rafael Nieto Loaiza

Exportar “energías limpias”

La MinMinas reiteró en el Foro Económico Mundial que “no van a conceder nuevos contratos de exploración de gas y de petróleo”. Le llovieron críticas.

Petro salió en su defensa y dijo que “el turismo y la exportación de energías limpias” permitirían “sustituir la matriz de exportaciones [y que] una fuerte inversión en turismo y en generación de energías limpias [...] en un corto plazo llenaría los vacíos de dejaría le economía fósil”.

Fui crítico de distintos aspectos de la gestión de Iván Duque. Pero no hay duda de que su tarea en la transición a energías alternativas fue notable. El Gobierno multiplicó 31 veces la capacidad de generación alternativa de energía (en 2018 había apenas 28MW) y terminó su cuatrienio con 879 MW alternativos operativos. Además, hay proyectos en construcción impulsados por esa administración, que deben entrar en operación este 2023, con capacidad de 4.500 MW adicionales.

Ahora, de las buenas proyecciones que traíamos en energías alternativas a pasar a “la exportación de energías limpias” hay un techo gigantesco. De hecho, ahora mismo el sistema eléctrico nacional está en una situación de estrés. Si de acá a dos años los 2.400 MW de HidroItuango no entran en los plazos establecidos, las renovables se retrasan y ocurre un fenómeno del Niño, no solo se pagará más sino que va a haber racionamiento. Ojalá no sea ese el escenario.

El punto es que aunque Colombia tiene una matriz energética predominantemente renovable y cada vez con más energía alternativa, no produce suficiente energía en general para exportar ni, mucho menos, “energía limpia” exportable.

Primero hay que asegurar la capacidad para satisfacer la demanda nacional, después hay que aumentar sustancialmente la producción de energías alternativas y finalmente hay que terminar de construir las redes de conducción. Y si tuviésemos todo, todavía habría que determinar si hay mercado para nuestra energía y si somos competitivos.

En todo caso, hoy no hay un solo estudio, un solo dato, que permita pensar que a punta de “energías limpias” podamos, a corto o a mediano plazo, sustituir en todo o en parte las exportaciones basadas en petróleo y minería, la “economía fósil” que nos ha permitido crecer hasta ahora. En turismo la situación no es distinta, como mostraré en próxima columna.

Petro piensa con el deseo. Su ataque al petróleo y la minería es irresponsable, peligroso, dinamita nuestra economía y solo puede llevar a la quiebra nacional, a más desempleo y mucha más pobreza.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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