domingo 08 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Gobernabilidad y representación política

La gobernabili-dad, no me cansaré de insistir, es el principal desafío de Duque. No es una alternativa, no es una opción. La gobernabi-
liad es un deber, una obligación, una condición indispensable para el buen Gobierno
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Un acuerdo entre el Gobierno y Cambio Radical fue anunciado esta semana. Su objeto inicial es el apoyo al proyecto de reforma tributaria. Es una buena noticia. Aunque creo que el país tiene pendiente un gran debate sobre el gasto público, con miras a examinar su pertinencia y a buscar su reducción, no cabe duda de que, en las circunstancias actuales, son indispensables nuevos ingresos para financiar el presupuesto.

El acuerdo debe trascender este proyecto puntual y asegurar la entrada de Cambio al Gobierno. Parece que en Casa de Nariño ya entendieron que es indispensable contar con mayorías permanentes y estables en el Congreso. Para ello se necesita contar con el apoyo de Cambio, con cuyos parlamentarios existen evidentes afinidades, y quizás también con el grueso del Partido Liberal. Ambos partidos, no sobra recordarlo, apoyaron a Duque en la segunda vuelta de las presidenciales.

La gobernabilidad, no me cansaré de insistir, es el principal desafío de Duque. No es una alternativa, no es una opción. La gobernabilidad es un deber, una obligación, una condición indispensable para el buen gobierno. Duque tiene que conseguirla sin caer en la mermelada, con la cual Santos aseguró el irrestricto apoyo de todos los partidos en el Congreso, incluidos los de izquierda y con la única excepción del Centro Democrático. Haberle puesto freno a esa práctica nauseabunda es uno de los grandes méritos del Gobierno y merece todos los aplausos. En esa decisión no se puede retroceder. Sería fatal en la lucha contra la corrupción.

Pero hay que distinguir la mermelada, es decir, los cupos indicativos y el acceso al presupuesto público y la contratación, de la representación política. Esta última es indispensable en gobiernos que, como este, provienen de una alianza electoral.

Todos los que contribuyeron a elegir al Presidente tenían la legítima expectativa de participar en el Gobierno electo. Dejarlos por fuera ha sido un error muy caro. Pero se está aún a tiempo de corregir y el acuerdo con CR parece ir en esa dirección.

Duque, sin embargo, debe tener cuidado en que al armar el nuevo rompecabezas no maltrate a los conservadores, a los movimientos cristianos y al Centro Democrático, los únicos que han estado con él desde el principio e inequívocamente. Si termina privilegiando a los que ahora son independientes para perjudicar a los que hasta hoy han acompañado solo logrará apagar el fuego con gasolina y encender la pradera de su lado.

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