domingo 06 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Infraestructura y vivienda, claves

El cuello de botella podría estar en la financiación, con un enorme déficit fiscal de 8.2%. Una reforma tributaria que aumente tarifas sería un desastre que puede terminar de hundir un sector privado más golpeado que nunca.
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Como resultado del confinamiento, este año se doblará la tasa de desempleo y, como resultado, aumentará un 15% la pobreza y la sexta parte de la población de las principales ciudades sufrirá de hambre.

La izquierda estará contenta con la coyuntura. Le es funcional para atacar al gobierno. Le facilitará incentivar protestas y manifestaciones. Le permitirá mejor fruto para su discurso de odio y resentimiento. Y más posibilidades de éxito en el 2022. No solo no le interesa que disminuyan el desempleo y la pobreza, sino que gana con que aumenten.

La prioridad tiene que ser la contraria: crear empleo tan rápidamente como sea posible y, por esa vía, reducir la pobreza. El camino es la inversión productiva, con énfasis en proyectos que tengan el mayor impacto social y que requieran mano de obra intensiva: obras de infraestructura y construcción de vivienda. 1.4 millones de familias colombianas, un 9.8% de todos los hogares, necesitan una nueva vivienda, y un 27% requiere mejoras cualitativas para que tengan condiciones adecuadas de habitabilidad. Un masivo programa de vivienda le daría un fuerte impulso a la economía, crearía muchísimo empleo y permitiría una mejora sustantiva en el nivel y calidad de vida para veinte millones y medio de colombianos.

El otro pilar deberían ser las obras de infraestructura civil. Aunque hay que planear los grandes proyectos que necesita el país, como la construcción de una gran red ferroviaria que integre toda la nación, en estos dos años el énfasis debería ser el desarrollo y puesta en marcha de pequeñas obras que no requieren mucho tiempo para su ejecución y se pueden desarrollar casi de inmediato, como vías terciarias y polideportivos, y un uso intensivo de los contratos plan de obra públicas, obras que además pueden ejecutarse no solo por las grandes constructoras nacionales sino también por firmas pequeñas y medianas y de presencia regional.

El cuello de botella podría estar en la financiación, con un enorme déficit fiscal de 8.2%. Una reforma tributaria que aumente tarifas sería un desastre que puede terminar de hundir un sector privado más golpeado que nunca. Hay una fuente alternativa y a la mano: todavía hay 21 billones de pesos en el Fondo de Mitigación de Emergencias FOME y 4.5 billones en regalías sin usar. Aún después de reservar el dinero necesario para extender hasta fin de año el programa de Ingreso Solidario y los subsidios a la nómina, quedarían más de 20 billones que podrían ejecutarse de inmediato.

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