domingo 18 de octubre de 2020 - 12:00 AM

Minga, salud pública y elecciones

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Manifestarse y protestar son expresiones de los derechos de expresión, reunión y libre circulación reconocidos en los tratados internacionales. Pero no son derechos absolutos. La reunión debe ser “pacífica y sin armas”. Y para concentrarse y circular pueden establecerse las “restricciones [...] que sean necesarias en una sociedad democrática [...] para proteger la salud pública o los derechos o libertades de los demás”.

El Gobierno debe evaluar si debe o no permitir el desplazamiento de los indígenas que, sin ninguna precaución de bioseguridad, transitan en medio de la pandemia. El MinSalud debe hacer pruebas entre los marchantes para establecer si hay contagiados y definir si establece un cerco epidemiológico. Su obligación es proteger la salud pública.

Ahora, el propósito de la minga es estar en Bogotá para el paro del 21 de octubre. Sobre ese paro caben las mismas consideraciones que sobre la minga. Los epidemiólogos han advertido que las aglomeraciones aumentan de manera sustantiva los riesgos de infección. Las cifras muestran que hemos conseguido, con un costo socioeconómico gigantesco, frenar la tasa de contagio del coronavirus. Pero ese progreso puede perderse en cualquier momento.

Además, el país, sumido por cuenta del coronavirus en la crisis económica más profunda de su historia desde que tiene estadísticas y que apenas empieza a recuperarse, no puede darse el lujo de nuevos confinamientos para frenar el crecimiento de la infección.

A la izquierda estas consideraciones le son indiferentes. Aunque presionó siempre al Gobierno nacional para que no aflojara en la cuarentena, so pretexto de que había que escoger la vida sobre la economía y planteando una dicotomía inexistente y falaz, ha exigido que se le permita marchar. Y las administraciones municipales que controlan no han tenido problema en comportarse de manera hipócrita y contradictoria: se opusieron al día sin Iva, retrasaron y entorpecieron tanto como han podido la reapertura económica e impusieron toda clase de trabas para abrir comercios y restaurantes, iglesias y templos, pero, en cambio, han autorizado sin límite ni restricciones marchas, protestas, manifestaciones.

La estrategia es clara: le apuestan al crecimiento del desempleo y la pobreza. Por un lado, acusarán al Gobierno de mala gestión. Por el otro, ya están diciendo que es prueba del fracaso del modelo económico. Finalmente, saben que su discurso populista, de odio y resentimiento, encuentra más terreno fértil para sembrar y cosechar entre más desempleados y pobres haya. Su objetivo son las elecciones del 22 y todo les vale para ganar.

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