domingo 12 de noviembre de 2023 - 12:00 AM

Rafael Nieto Loaiza

Un acto demencial

Hoy, todos los grupos armados son mafiosos y compiten violentamente por el control del negocio, incluyendo los mercados internos. La expansión creciente de esos mercados explican en buena parte la violencia urbana. Los estudios de consumo de sustancias psicoactivas muestran un aumento del uso de marihuana y cocaína. Los jóvenes se inicia cada vez más tempranamente en el consumo y tienen una percepción de que el riesgo es bajo.

En nada ayudan las reiteradas propuestas desde el Congreso de legalizar el consumo “recreativo” de marihuana ni los discursos gubernamentales de legalización de la cocaína. Un paradoja, por cierto, cuando se impulsan campañas para disminuir el consumo de azúcares y ultraprocesados. Ahora en Colombia es peor el consumo de chocolatinas que de cocaína. Ya Petro preguntaba en 2019: “¿Sabían ustedes que el azúcar es una droga mucho más dañina que la marihuana o la cocaína? Tenemos 250.000 hectáreas sembradas para producir una de las peores drogas de la historia de la humanidad: el azúcar”. Para su tranquilidad y angustia de los demás, la coca ha ido cerrando la brecha y para fines del año pasado ya teníamos 230.000 hectáreas de coca. Que no se diga que no estábamos advertidos.

Olvida Petro que las industrias del azúcar y de alimentos pagan impuestos y generan empleo y, sobre todo, no asesinan a nadie. En cambio, los narcos no solo no cesan de matar sino que cada día matan más. 2022 fue el segundo año con más homicidios desde el pacto con las Farc. Este es peor: los homicidios han aumentado un 5,4%.

Mientras, militares y policías tienen recortes en su prepuesto, son atacados constantemente desde la misma Presidencia, que ahora los acusa de pactos con los bandidos, tienen la moral en el piso y no pueden cumplir con sus funciones constitucionales de proteger a los ciudadanos porque desde Casa de Nariño se les ha paralizado.

En cambio, los violentos están empoderados, crecidos y cada día más ricos, y por cuenta de los ceses del fuego tienen la certeza de que no serán atacados por las Fuerzas Armadas mientras que ellos pueden seguir delinquiendo. Por eso no debe sorprender que Antonio García, cabecilla eleno, después del secuestro del papá de Lucho Díaz haya advertido que “no existe ningún acuerdo sobre las ‘retenciones’ [y que] el Eln no aceptará imposiciones ni chantajes. que no se haga ilusiones”. Tiene razón, hacerse ilusiones con este Gobierno claudicante y cómplice de los criminales, como creer que se aplicarán la Constitución y las leyes, sería un acto demencial.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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