viernes 12 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Grímpolas

Que las infortunadas ocurrencias de Bogotá en relación con el Sistema Integrado de Transporte, no se repitan en Bucaramanga, cuando Metrolínea llegue a su funcionamiento total, debe ser elo deseo de los involucrados en su bienandanza. Porque aquí se carece de las posibilidades que en la capital se aplicaron dada su extensión y la superioridad económica de los usuarios y de los reclamantes contratistas. Aún no se ha dicho el precio de los cuatro días del 'retozo democrático' con 150 buses nuevos inutilizados, así como los asaltos a la población, a los vehículos particulares y a negocios privados en general.

Siempre hemos tenido aceptable servicio de transporte, iniciado en la tercera década del siglo pasado, particularizado en los trayectos 'Romero, García Rovira, K. 27' y 'Quebrada Seca, La Payacuá, San Mateo, La Puerta del Sol', con chivas atiborradas de paisanos y cigarreras. Después de los V. Juegos Atléticos Nacionales, la ciudad creció, el Instituto de Crédito construyó barrios, al par de algunas firmas especializadas, abriéndose nuevas líneas de buses, con cívica voluntad y tarifas módicas.

Ahora con el anticipado nuevo sistema, extensivo al Área Metropolitana, entraremos todos los ciudadanos a la complicada actividad transportista y en ella tendremos dificultades sin cuento: sociedades varias, tarifas discutibles, eliminación y compra de buses en servicio tradicional, reparto de utilidades o pérdidas, burocracia, politiquería, éstas las más seguras. Trancones y accidente en calles, avenidas y autopista más estrechas, con 'pico y placa' aquí desconocido. Ignorábamos que por ahí se comenzaba el progresismo.

Asuntos marginales, numerosos. Prepárese el campesino que trae su 'atadito' de panela para cambiarlo, en la casa de mercado, por sal, café, etc. Ya no se le permitirá, como tampoco el canasto para el mercado de la dueña de casa. El tiempo además se le alargó al trabajador en los trayectos, dado el obligatorio uso del bus 'alimentador' cuyo valor se incluye en la tarifa. Antes el bus paraba donde se accionara el timbre o se viera al usuario y ahora apenas en las colosales estaciones, distantes de donde se necesita la parada. Se ha comprobado en esta obra que para su técnica domina la costosa presentación a la comodidad barata.

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