viernes 07 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Grímpolas

La Carta Constitucional colombiana dice en su Artículo 189: 'Del Presidente de la República, 2. Dirigir las relaciones internacionales'. El doctor Uribe Vélez lo está haciendo en unos términos trascendentes dada la contumelia externa de unos pocos y, por otra parte, el respaldo unánime del país.

Es claro que no estamos frente a la instalación de unas bases norteamericanas en nuestro territorio. Estamos ante la autorización al Gobierno de los Estados Unidos para que utilice bases nuestras, en su programa de cooperación a la extinción del narcotráfico y el terrorismo.

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No se sabe qué sea más grato, si leer las columnas de Sergio Rangel Consuegra, afincadas en el sentimiento de la confrontación política, dentro del ideológico perfil grecolatino que libera, de vez en cuando pasando a la novelística nativa, con Tomás Vargas Osorio, o captar los espacios televisivos en que este ensombrerado cultivador de la vid trajina con su amable esposa. Desde la escogencia de la tierra, la selección de las semillas, la asistencia al crecimiento, el aporque, la riega, la poda y la caricia, todo encaminado a una sana y hábil competición con similares de Italia o Chile.

Estos no exprimen la uva, como Sergio, al principio, accionando los limpios pies de las bellas niñas campesinas zapatocas, sino con el pesado aparato de opresión mecánica que rinde. Hace varios lustros encontramos a Sergio en su hacienda de Puerto Wilches, dirigiendo el cultivo de la llamada palma africana, en el que numerosos han hecho su dinero, en ese cautivante valle del río de La Magdalena. Nos empeñábamos en la instalación de la anhelada energía eléctrica que los reunidos habitantes nos pedían.

La improvisada manifestación del 'Ocho' nos sirvió para pronunciar uno de los últimos discursos que tocó el sentimentalismo familiar de Sergio, en el recuerdo de su padre, a quien puse por testigo de la obra energética que meses adelante se cumplía. Ahora no es la palma partícipe de los esfuerzos de Sergio, sino la 'planta vivaz y trepadora de la familia de las vitáceas, de tronco retorcido, vástagos muy largos y flexibles y hojas pecioladas cuyo fruto es la uva'. Sergio y su señora no descansan. Quieren extender la afición vinícola zapatoca, como en otros tiempos fueron el pauche y los sombreros. 

 

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