viernes 26 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Grímpolas

Fue el 16 de marzo de 1781 cuando en la ciudad del Socorro se ultimaron los preparativos del Movimiento Comunero que aglutinó a cientos de naturales, reforzados por otros más de las poblaciones vecinas, a propósito de la elevación de los impuestos vigentes y de la creación del denominado 'Armada de Barlovento' que también alcanzó a tener vigencia en otras ciudades lejanas del Sur de América.

El visitador regente Gutiérrez de Piñeres fue el enviado de las autoridades españolas a reglamentar la persecución que determinó el alzamiento, así como la resolución de viajar a Santa Fé, la capital, bajo la dirección de José Antonio Galán y Juan Francisco Berbeo. Simultáneamente una 'comisión de paz', encabezada por el arzobispo Caballero y Góngora vino hasta la intermedia Zipaquirá y después de largas conversaciones, duras unas y cordiales otras, propuso y obtuvo la firma de un desanimable documento llamado 'de las capitulaciones' que desembocó en la ejecución de Galán y tres de sus compañeros. Destacados historiadores han opinado en sus obras que este fue el principio de la Independencia que consta en formales Actas del 4 y 20 de julio de 1810, signadas ante el pueblo, con prisión de las autoridades, en Pamplona y Santa Fé respectivamente. La semana anterior el Gobierno Departamental se trasladó al Socorro donde conmemoró en patriótico ambiente, en presencia estimulante de las Provincias Comuneras, la visión histórica de nuestra emancipación. Fue un acto inicial de los que comprende el Segundo Centenario.

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A partir de cuando Gonzalo Prada Mantilla resolvió dedicar la capacidad de su inteligencia y el disciplinado ejercicio de su voluntad al provecho de su ciudad natal y de sus gentes, hubo en Piedecuesta un Director Cívico y un animador de eventos culturales extensivos a la capital santandereana. En el concreto campo de las relaciones públicas colaboró lealmente con Gobernadores y Alcaldes y las comunidades religiosas, centros de salud; de educación y de historia dispusieron de su ayuda constante. La Semana Santa fue punto dominante de su consagración y será difícil encontrar quién lo reemplace en la preparación y ordenamiento de los actos públicos que la exaltaron ante propios y extraños. La 'Casa Cívica' fue su final despacho para el atendimiento general y allí, entre flores y lamentos acudió a las últimas horas de su positiva convocación pública.

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