viernes 19 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Grímpolas

Un año, en las letras de Eduardo Caballero Calderón, es volver al clásico prosista nacional que el escritor enalteció a lo largo de su existencia, desde cuando en el Gimnasio Moderno fundó la revista 'El Aguilucho' hasta sus obras rememoradas en oportunos editoriales y artículos alusivos al 'Diario de Tipacoque', 'El Cristo de Espaldas', 'Ancha es Castilla' y 'Siervo sin Tierra'.

Los Caballeros fueron y son, desde el principio de la República, notables colombianos, involucrados en todo lo que ha sido de interesante para el país y su desarrollo intelectual y material. Con Lucas, su hermano y Jaime Soto fundaron el radioperiódico 'Contrapunto' que tanto se recuerda. Personalmente tengo de Caballero Calderón la memoria de su vecindad a García Rovira en hacienda tocando a Capitanejo y en 1960 su cercana ubicación a mi curul en el Congreso Nacional, donde se comprobaron excelencias de sus escritos y propuestas, así como su alergia al discurso oral. Caballero fue uno de los diez y seis representantes que llevó Alfonso López Michelsen afiliados al M.R.L.

Prologuista de la obra 'Joven Caballero', de su hermano Lucas, otra notabilidad del periodismo, dijo algunas cosas que reiteran la originalidad de su devoción literaria, de la que deseamos dejar aquí idea, transcribiendo los siguientes párrafos: 'Estas páginas anteceden las que Klim, o Lukas, o simplemente Lucas mi hermano ha escrito para contar no sé qué cosas. Son un prólogo, sí, por en contrarse al comienzo de las suyas, pero no se refieren a una obra que voluntariamente no he querido leer para no perturbar el juicio ni enredar mis recuerdos.

'Por eso ahora al comenzar a escribir sobre su personalidad literaria me asalta la sospecha de que quienes tanto lo admiran y lo celebran por haberle seguido los pasos durante treinta años, van a preguntarle quién soy yo para meterme a presentarlo.

'En esto de leerse y releerse, curtidos por tanto tiempo de escritura incesante, Lucas y yo llegamos al punto de que una vez escrita y publicada nos aburre volverla a leer.

'Permanece encerrado en su casa en bata y en pantuflas como un cangrejo ermitaño.

'Lucas sería acreedor al agradecimiento de millares de liberales morosos. Aún en los tiempos más duros de la censura de prensa, cuando era casi imposible escribir en los periódicos, pues se tenía la bota en la nuca y un esbirro en la oreja. Lucas se las ingeniaba para decir, sin decirlo lo que tenía que decir'.

 

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