Publicado por: Ramiro Serrano
El 27 de diciembre de 2.012, la Supertendencia de Sociedades le decretó la muerte comercial a varios accionistas y ejecutivos de Interbolsa por los abusos realizados dentro del manejo de la entidad que llevó a generar pánico en el sector bursátil al defraudar los intereses económicos de miles de inversionistas. Esta semana, el Consejo de Estado decretó la muerte política a Iván Moreno Rojas por el tráfico de influencias dentro del proceso que se adelanta por el carrusel de la contratación en Bogotá.
Estas dos sanciones ejemplarizantes nos hacen concluir que es necesario castigar la corrupción tanto en el sector público como en el privado de forma fuerte y radical. Este flagelo no solo acaba con una sociedad, sino que hace que la distancia entre la riqueza y la pobreza sea cada día más larga; es robarle la oportunidad a las personas de menos recursos económicos para que puedan acceder a la salud, a una vivienda o a un trabajo, porque cuando hay corrupción no se le quita al Estado, sino que se roba el dinero a un pueblo y a su propio desarrollo.
Hoy, los líderes de los partidos políticos no nacen de las bases. Nuestros gobernantes son elegidos desde la capital del país, siendo generalmente familiares o recomendados de los mismos caciques, convirtiendo la política en un ejercicio empresarial donde importan más los intereses individuales que los colectivos.
El sector privado, en su interés de obtener resultados a toda costa, está abriendo camino a su propia destrucción, porque acabar con la ética empresarial y la libre competencia es el principio del nacimiento de una anarquía comercial.
Debemos demandar del legislativo el que reglamente sanciones más ejemplarizantes para aquellos que generen corrupción, tanto en lo público como en lo privado, para que el día de mañana no tengamos que llorar nuestra propia autodestrucción.











