jueves 15 de septiembre de 2022 - 12:00 AM

Como perros y gatos

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Columna de
Ramiro Serrano

Generalmente los seres humanos tenemos la costumbre que cuando no nos funcionan las cosas como queremos, buscamos a quien echarle la culpa. Es así que en la propiedad horizontal es muy fácil canalizar las culpas: los copropietarios y residentes señalan a los consejos de administración que han sido nombrado por ellos, argumentando que estos se encuentran confabulados y que tienen intereses personales, a pesar que participan gratuitamente en el desarrollo del edificio. El consejo de administración culpa su falta de control y decisión al administrador que ellos nombran, y ellos a su vez señalan su falta de administración a los funcionarios o empresas prestadoras de servicios.

Si existen daños no somos capaces de reconocer que no hemos aprobado el presupuesto necesario para el mantenimiento; sino que buscamos culpar al administrador o al constructor que hace varios años hizo entrega del edificio.

La falta de capacidad de asumir nuestras responsabilidades, el desconocimiento de lo que es vivir en propiedad horizontal, de conocer sus leyes y reglamentos; lleva a que muchas copropiedades se encuentren como perros y gatos, necesitando tener asambleas extraordinarias frecuentemente, contratar abogados, pagar indemnizaciones, entre otros. Haciendo que los presupuestos que son utilizados para la conservación del Edificio terminen siendo gastados para lograr estabilizar la persona jurídica.

Lo peor de esta situación es que muchas veces se utilizan las vías de hecho o utilizamos las redes sociales para injuriar y degradar a personas o empresas; rayando ya con conductas penales, llevando a que estos impulsos terminen afectando personalmente a quienes lo ocasionan.

La intolerancia y la desadaptación social que muchas personas tienen en propiedad horizontal, son lo que termina incrementando el presupuesto en las copropiedades, o incluso, llevando a la desvalorización de los inmuebles y disminución en las oportunidades de venta, porque a nadie le gusta comprar donde hay problemas. Vemos la urgente necesidad que desde los colegios se enseñe que las personas tienen tanto derechos, como obligaciones y que el único resultado que se obtiene de comportamientos contrarios a las normas, es la violencia.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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