jueves 02 de junio de 2022 - 12:00 AM

Corrupción en la propiedad horizontal

Es una contradicción que juzgamos duramente la corrupción de nuestros políticos, pero cuando la realizamos nosotros, consideramos que es una verdadera gestión administrativa
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Columna de
Ramiro Serrano

Vimos como todas las campañas y candidatos políticos por los que votamos la semana pasada, tenían como propuesta principal acabar con la corrupción. Pero nos preguntamos cómo podemos acabar con ese lastre, si desde lo privado, desde nuestros hogares como en las propiedades horizontales se tratan temas que inducen a toda la comunidad en actos de corrupción y son aprobados por la mayoría de ellos. Comportamientos como pedir valores agregados a contratistas (empresas de vigilancia y de servicios), el sacrificar los incrementos en los contratos suscritos para favorecer un presupuesto, pedir contribuciones a empleados o personas que trabajan en la copropiedad para condicionar su contratación, entre otros. Es una contradicción que juzgamos duramente la corrupción de nuestros políticos, pero cuando la realizamos nosotros, consideramos que es una verdadera gestión administrativa.

Todos somos cómplices de estos comportamientos, como copropietarios que desde las asambleas generales reclamamos los valores agregados especialmente en contratos de vigilancia para ahorrar presupuesto; como consejeros de administración al buscar en los contratistas financiamiento extra para fiestas o actividades que demuestren una mayor gestión a costa de los que ansían un contrato; los administradores que ante las directrices sobreexplotan sus contratistas y funcionarios para cumplir las metas impuestas; y como cierre el silencio sobre todo esto en los dictámenes de la revisoría fiscal.

Es imposible que vayamos a votar por un presidente, esperanzados en que acabe con la corrupción, cuando nosotros en la base de nuestros hogares incentivamos comportamientos de engaño, incumplimos con las obligaciones o jugamos con la remuneración justa que deben tener nuestros conciudadanos. Continuar abiertamente con estas prácticas deja como mensaje a la siguiente generación que los actos de corrupción son normales y que importan más los centavos que podemos ganar a costa de las necesidades de otro.

Amigos, seamos coherentes, si no tenemos la legitimidad para iniciar las respectivas acciones legales, si no empecemos a realizar una sanción social por aquellos actos que van en contra de la ley, la moral y las buenas costumbres, será luego tarde construir una sociedad libre de corrupción que debemos entregar a nuestros hijos.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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