jueves 13 de junio de 2019 - 12:00 AM

El libre desarrollo de la personalidad

respetar los fallos es respetar nuestra democracia, incluso cuando no nos gusta.
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Columna de
Ramiro Serrano

Se ha generado una polémica nacional por la decisión de la Corte Constitucional de dejar sin efectos la prohibición del consumo de alcohol y sustancias sicoactivas en espacio público que había sido reglamentada en el Código de Policía, al argumentar que se estaba desconociendo los derechos al libre desarrollo de la personalidad, a la expresión y a el acceso al espacio público. Quienes no se encuentran de acuerdo con esta decisión consideran que no se tuvo en cuenta el derecho colectivo a tener un ambiente sano, ni al derecho de los niños a disfrutar plenamente los parques y especialmente por las consecuencias que genera el consumo desproporcionado por parte de los adictos.

Esta problemática no sólo trasciende en el espacio público, sino en las mismas copropiedades, convirtiéndose hoy en día en uno de los mayores problemas de convivencia en los edificios residenciales. De ahí la importancia de fortalecer los reglamentos de propiedad horizontal, restringiendo que en las áreas comunes de la copropiedad esté prohibido el consumo de dichas sustancias, así como el consumo de bebidas embriagantes; si es que así lo desea la copropiedad. Es necesario dejar claro que el fallo de la Corte exclusivamente habla del espacio público, pero nunca de las áreas comunes que deben ser direccionadas con el reglamento de propiedad horizontal.

Para quienes en un momento dado no estamos de acuerdo con la posición de la Corte, porque sabemos que dichas libertades van a afectar la tranquilidad y las relaciones respetuosas; debemos es blindarnos para que en nuestro entorno se establezcan normas que mejoren las convivencia y fortalezca los principios coletivos, sobre los individuales. Y como ciudadano del común respetar las decisiones de los jueces, aunque no las compartamos.

Lastimosamente se ha llevado un mensaje confuso e ilusorio a la sociedad al hacerla creer que el juez constitucional podría revertir su fallo en respuesta del descontento social por su decisión o que las marchas que se convocan podrían generar algún efecto. No podemos olvidar que respetar los fallos es respetar nuestra democracia, incluso cuando no nos gusta.

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