jueves 04 de julio de 2019 - 12:00 AM

Ni con el pétalo de una rosa

Un país donde no existen políticas claras de inclusión de genero resulta totalmente machista.
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Columna de
Ramiro Serrano

Colombia se encuentra poblada por más de 45’800.000 habitantes; el 51,4% de dicha población está integrada por mujeres. Ellas en el último siglo han sobresalido en el campo social y profesional distinguiéndose en su mundo laboral, académico y científico. Pero hay cifras que preocupan como que la tasa de desempleo para las mujeres es hoy del 14%, a diferencia de los hombres que se encuentra en un 8%, convirtiéndose esto en una exclusión laboral, cuando hoy en día se preparan en instituciones universitarias más mujeres que hombres, según cifras del Ministerio de Educación. A este panorama se acompaña que en lo que va corrido del año se han presentado más de 150.000 casos de violencia contra la mujer y que la impunidad de este tipo de violencia supera el 80%.

Un país donde estas cifras se vuelven comunes y que no existen políticas claras de inclusión de genero, además de desconocer a la mitad de su población, ignorando situaciones tan graves que le aquejan, resulta totalmente machista.

Acaso todavía se piensa en la mujer como el “sexo débil”, cuando son ellas las que tienen la capacidad de engendrar durante nueve meses el nacimiento de un niño; las que logran ser madre, ama de casa, trabajadora y muchas veces estudiante, todo al mismo tiempo; las que tienen la fortaleza espiritual que por el amor a sus hijos toleran más de lo que deberían. Hoy la mujer se destaca en varios renglones de la economía, son sobresalientes en bancos, en la administración de edificios, en el área comercial, académica, artística y cualquiera que se propongan.

Debemos ser coherentes a nuestro pensamiento: si amamos a nuestra madre, no es lógico que seamos pasivos ante el maltrato de cualquier otra mujer, que seamos indiferentes ante las agresiones que se oyen a diario por todos los medios de comunicación, que no se incluya dentro de los programas educativos estos manejos de convivencia y tolerancia.

No debemos permitir un maltrato más, ya que como decían nuestros abuelos a “una mujer no se toca ni con el pétalo de una rosa”.

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