sábado 27 de septiembre de 2014 - 12:01 AM

El fiscal Montealegre

El Fiscal bajo el punto de vista bogotano, es un calentano que todavía no ha aprendido a vestirse; de pronto se pone ropa de color claro y no oscuro como les gusta a los bogotanos para que juegue con el paisaje oscuro, lleno de neblina y de aguaceros calamitosos. Tampoco ha aprendido a hacerse el nudo de la corbata y opta por el nudo conservador, el tradicional, de doble vuelta, que queda triangular y que de paso se tira las corbatas porque las arruga y así se quedan hasta que pasan a mejor vida.

Tiene una cabeza rapada que enseña más la calvicie y que si fuera de derecha le dirían que se parece a Mussolini o de pronto a Alzate Avendaño. Pero como es más avanzado en su pensamiento no corre ese peligro. Bajo el punto de vista del derecho es un señor jurista; sus exposiciones, sus declaraciones orales o escritas son magistrales. Egresado de la Universidad Externado de Colombia, de donde han salido muy buenos juristas sobre todo en materia penal, no tiene ese espíritu de cuerpo que tienen los javerianos o los del Rosario, o los de la Libre o de los Andes.

El Externado nunca ha tenido espíritu de cuerpo y de ahí que eso explique un tanto la pelea a muerte entre externadistas, como es el caso del Fiscal con Sandra Morelli, excelente exdecana del claustro y luego de aquel con Gómez Méndez. Ahora se dice que el Fiscal tiene demasiado poder. Y a juzgar por las apariencias se encuentra en una posición privilegiada, toda vez que juega en llave con el presidente Santos, le acolita todo lo que tiene que ver con el proceso de paz, le cocina el caldo jurídico necesario para robustecer la criatura. Y a su vez tiene neutralizado al Procurador y salió del incómodo ministro de Justicia Gómez Méndez, a quien le propinó un knock-out técnico. Y como si fuera poco, acabó con la Contralora, quien no tuvo más remedio que asilarse en su segunda patria, la Italia del Renacimiento y ahora de Berlusconi. Lo que no sabemos es si tiene aspiraciones presidenciales, pues de darse el proceso de paz el fiscal coronaría al tiempo con el Presidente y quedaría en un pedestal como el jurista que aportó las luces para que la justicia transicional se diera. Lo malo es que generalmente de esos cargos no salen los presidentes. La cola ya viene dada de antemano. Somos una democracia dinástica. Amanecerá y veremos.

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