sábado 12 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

El mito del eterno retorno: Maturana y Bolillo Gómez

Mircea Eliade escribió un libro sobre el mito del eterno retorno. El deseo latente de volver hacia atrás, en un acercamiento casi religioso para encontrar una edad mítica, una edad de oro, que se considera como la ideal, cuando precisamente se impone el paso del pensamiento mítico arcaico al pensamiento histórico moderno.

Por eso los argentinos viven en una permanente nostalgia de los Perón, Evita y Domingo, porque consideran que esa fue su edad dorada. Y permanentemente quieren repetir la experiencia. A su vez, Nicolás Berdiaeff también dedicó uno de sus libros a explorar la hipótesis de que venía una nueva Edad Media, que aparecería luego de la moderna, para desarrollar su pensamiento cristiano de retorno a una edad que se considera la ideal, cuando el mundo se globalizó en torno a la idea religiosa. Igualmente, para significar el fracaso del mundo moderno al darle juego a la razón, olvidando otros valores. Ahora tomemos el caso del fútbol. Y es que los dirigentes deportivos del fútbol colombiano, viven con la eterna nostalgia de la época Maturana, por cuanto la selección pudo clasificar para dos campeonatos mundiales.

Y se lo achacan a aquel fútbol horizontal que hacia filigranas, pero que no metía goles. Por eso quieren darle una segunda oportunidad a Maturana, acompañado de Bolillo Gómez, su discípulo, amigo y compinche. Lo cierto de todo esto, es que los dirigentes se cansaron de encontrarle una salida al jugador nuestro, que es perezoso, indisciplinado, que cuando mete un gol quiere una estatua y no volver a jugar, si no le pagan como a Maradona. El jugador nuestro luego de la etapa de aprendizaje, de amateur, en que sí le pone alma, vida y sombrero, se acostumbra a la buena vida, al cero estrés como dicen los universitarios, a ganársela fácil, a pensar sólo en los tenis y en la ropa de marca, en los paseos, en las discotecas y de fútbol, pocón.

Esa es la razón por la cual las selecciones de menores y de adolescentes han clasificado y han exhibido un mejor nivel de juego que las de los mayores, cuando ya se han aburguesado. Cuando se quiso darle dinámica al fútbol colombiano, entregándole el equipo a Jorge Luis Pinto, inmediatamente vino la reacción de los jugadores. No pudieron con la disciplina, porque lo que ellos quieren es tener entrenadores-niñeras, como Maturana y el Bolillo Gómez, quienes viven en, por y para su rosca, en ese esquema lúdico y lánguido.

Ellos saben que con Maturana y el Bolillo recuperan al entrenador-niñera con que han soñado siempre. Como cuando el Bolillo Gómez llevaba a Asprilla a que se tranquilizara en la alcoba de Leidy Noriega.

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