sábado 07 de agosto de 2010 - 10:00 AM

El monumento a Marbelle en el Parque Santander

La serie de televisión dedicada a contar la vida de la cantante de carrilera Marbelle ha tenido tal éxito, que se ha convertido en un ritual de todos los días para ver en la pantalla chica, las andanzas y dificultades por las cuales ha tenido que pasar nuestra querida cantante, para llegar al punto de popularidad que hoy disfruta. Es la expresión de la tenacidad, del valor, del acoso laboral de una madre sobre su hija, para que le siga la línea que ella le ha marcado, con el fin de redimirse de la pobreza y, como de paso, darle realce a la canción popular.

En eso, la madre de Marbelle es una heroína y de contera lleva a la vida diaria la expresión de la dictadura latinoamericana, dentro de los estrechos límites del hogar doméstico. En ese prototipo se ven reflejadas en miniatura, claro está, y en faldas, las figuras esas sí relevantes de Hugo Chávez, de chapitas Trujillo, de Anastasio Somoza y de cuantos han hecho la felicidad de estos pueblos latinoamericanos. La madre de Marbelle es una dictadora, solo que llora mucho y Chávez, por ejemplo, no llora. La diferencia de género, pero es lo mismo. A tal punto ha pegado la serie, que hasta los escultores se han inspirado en ella.

Dígalo no más, la estatua que en vida le acaban de levantar a Marbelle en el parque Santander, donde aparece ella, de cuerpo entero y desnuda, con sus caderas olímpicas, dedicada a sostener el mundo en sus manos, como una alegoría de lo que ha sido el peso de su vida hasta este momento, contando con la colaboración de su ex marido, el coronel cucuteño Royne Chávez, quien le ayuda a tener la bola universal, con la fuerza de sus empujes. Nosotros estaríamos de acuerdo con este homenaje, porque siempre representa la tenacidad de nuestro pueblo para salir de las dificultades, pero nos parece un poco exagerado que se le haga en un sitio tan privilegiado como el parque Santander. Además, se puede llegar a sentir ofendido el general Santander, un poco más arriba, pues él fue muy exquisito en materia femenina y no se contentaba sino con mujeres de la belleza de las Ibáñez. Así que con el debido respeto sugerimos que sea trasladado el monumento a la plaza de ferias de Bucaramanga, para darle realce a la feria ganadera que se celebra con tanto éxito en Septiembre y dejar de fastidiar al general Santander, nuestro paisano. Estamos pues, a tiempo. (Otros comentarios en raulpachecoblanco.blogspot.com)  

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