sábado 10 de octubre de 2009 - 10:00 AM

El profesor Gaviria

¿Se justifica que una persona de las calidades intelectuales del profesor Gaviria, con una seria disciplina académica, maestro en la interpretación de los incisos, termine metido en la política, en donde se exigen talentos diferentes, en donde el juego político se impone por encima de todo, la capacidad para captar realidades, conocer la gente para manipularla, tomar decisiones al minuto?. 

Recuerdo que en alguna oportunidad, Jorge Leyva  me decía que para ser político había que empezar desde temprano, porque de lo contrario no se tenía oportunidad de aprender, porque una cosa era la formación jurídica, la cultura y otra el talento para resolver problemas de estado. Si un magistrado como Gutiérrez Anzola en esa época, terminaba  como gobernador de Cundinamarca y manejando un cargo político, pues no va a tener la destreza para poder salir adelante. Ahí si, el viejo dicho de zapatero a tus zapatos. Y en el caso del profesor Gaviria es peor: porque significó la politización de la justicia. Ya hemos analizado en repetidas oportunidades cómo la Corte Constitucional se ha venido convirtiendo en una escuela para hacer política, en donde el magistrado aprovecha las sentencias de su autoría para que le sirva de plataforma en su naciente carrera política. Antes un magistrado terminaba su carrera judicial y se retiraba a sus cuarteles de invierno. Ahora en cambio, el paso por las cortes significa la terminación de su carrera judicial, pero la iniciación de su carrera política. Una transición brusca de  su despacho, de su biblioteca, de su sala, a la plaza pública.

Así que para un pichón de político le resulta más ventajoso ahora vincularse al poder judicial, porque le da un halo de respetabilidad, de preparación, de equidad, para luego lanzarse a la política. Antes el paso obligado o la escuela política la daba el conocimiento de su comunidad, el ir a los barrios, saber de sus problemas, y para eso se hacía concejal. Luego abarcaba un ámbito mayor, su departamento y se lanzaba como diputado y cuando ya dominaba tanto lo local, como lo departamental, buscaba un mayor espacio en los nacional y se lanzaba a la Cámara o al Senado.  

Ese era el periplo obligado. Retomando el caso del profesor Gaviria ahora los vemos abrumado por el peso de la derrota a manos de un político profesional, que si bien es cierto también optó por un camino vedado inicialmente como la guerrilla, terminó reincorporándose al mundo democrático, pero buscando el escenario propicio: la plaza publica, el debate parlamentario y no la sala de estudio para analizar ponencias. Antes las Cortes imponían carácter porque allí se hacía una escogencia de las personas expertas en derecho, ajenas al teje manejo político, de ánimo tranquilo y reposado para fallar.

Se daba por sentado que  una cosa es la disciplina jurídica y otra, el conocimiento y manejo de las personas, la toma de decisiones al minuto sin la ventaja de los términos judiciales, el conocimiento directo de los problemas nacionales, la intuición y otra el estudio serio y reposado de las sentencias judiciales.   Se impone por lo tanto una revisión constitucional, para que a  los magistrados se les prohíba terminar su carrera judicial en un ámbito para el cual no fueron formados.   Esta es una deformación de la constitución.  


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