sábado 31 de enero de 2009 - 10:00 AM

El tiempo ya no es liberal

Esta noticia en otras épocas, hubiera causado una conmoción. Pero ahora no. Los tiempos han cambiado en tal forma que aquellos sentimientos que antes movían, ahora no producen frío ni calor.

  El Tiempo dejó de ser un periódico liberal, abandonando lo que quiso Eduardo Santos que fuera: un vocero liberal. Con él se montó en un poder que hizo exclamar a López Michelsen que nadie había tenido tanto poder como Eduardo Santos en Colombia. Y todo, por ese periódico que se volvió un imperio, que creaba figuras como cualquier artesano con su barro de entrecasa y los proyectaba hasta que se convertían en figuras.

Así que se dedicó a producir presidentes como producían la noticia del día.  A imponer pautas que eran seguidas al pie de la letra, a ser consejero de gobernantes y a estar siempre en el gobierno. Así que El Tiempo tenía pauta fija con la historia, que iba saliendo de sus manos con la misma facilidad con la que brotan las plantas en la tierra.

Antes de tomar decisiones en palacio, había que consultar a El Tiempo. Pero vino el paso de las horas, como un reloj de arena, implacable y produjo fenómenos nuevos, como la tan trillada globalización y en menos tiempo del esperado, el periódico tuvo que tomar la decisión de venderse antes que   perderlo del todo. Y se consiguió un socio que lo reanimara y lo colocara a la altura de esa globalización, que incluye también a los medios de comunicación y le entregó la mayoría de las acciones. Hoy el grupo español Planeta es el dueño mayoritario y está empezando a cobrar sus dividendos.

En ese primer cruce de cuentas, cayeron los Santos, los dueños tradicionales y colocaron a Roberto Pombo como su hombre de confianza para hacerlo director.  Y en el editorial en donde se anuncia el comienzo de la nueva era y se establecen las líneas de pensamiento a seguir, no se encuentra la alineación a un partido político, como antes se hacía, sino que tendrá en cuenta como pilares inalterables: la democracia, la economía de mercado con controles, lucha contra el terrorismo, la corrupción y la lucha armada.

Y pare de contar. Se quedan atrás  aquellas épocas en que el gobierno de Urdaneta Arbeláez toleró el incendio del periódico, como correspondía a esos cambios de atenciones que se solían hacer los partidos, para devolver el gesto del incendio de El Siglo el 9 de abril del 48, con este de El Tiempo. Bien idas esas épocas.

Hoy El Tiempo se mundializa y deja de ser un vocero de partido dentro de las luchas parroquiales que provocaron la violencia. Son tiempos más depurados, distintos  a la turbulencia de antes.

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