sábado 24 de enero de 2009 - 10:00 AM

La Caldera del diablo

Jamás se imaginó Ernesto Samper que su jugada para acabar con Horacio Serpa y César Gaviria proclamándolos como candidato presidencial y jefe del partido, respectivamente, para enfrentarlos a Uribe a sabiendas de que se quemarían, le hubiera salido por la culata.

A Serpa sí lo acabó pero a César Gaviria no. Contra todo pronóstico, Gaviria fue llevando con calma la jefatura y evidentemente se sacrificó con la derrota electoral, pero no se la cobraron y como se trata de un partido tan complejo como el liberal y se estaba produciendo un relevo generacional, juzgaron prudente dejarlo a él de árbitro para que entrara a definir pleitos generacionales en la lucha por la candidatura.

Los días pasaron y nos llevaron ante el hecho evidente de la candidatura de Uribe para un nuevo período, con un nivel de aceptación inmenso. Ahí se le volvió a aparecer la Virgen a Gaviria, pues se trata del candidato de mayor envergadura dentro de las huestes de oposición. Y por lo tanto sería la carta para enfrentar a Uribe. Todo ha jugado para que sea él, pues los precandidatos del liberalismo no dejaron arrimar a Vargas Lleras, que trataba de hacer lo de López Michelsen con el M.R.L. y Luis Carlos Galán con su Nuevo Liberalismo, para llegar como candidatos oficiales con el grueso de su gente que los acompañó en la disidencia.

Aquí no funcionó este esquema. Cuando Vargas Lleras abrió plaza con su Cambio Radical y organizó casa aparte y le fue tan bien en las elecciones con una representación parlamentaria sólida, se creía la fuerza de relevo en el liberalismo. Pero la política es cambiante. A tiempo de hoy las cosas han cambiado y Vargas Lleras se encuentra en la encrucijada, porque no puede regresar al liberalismo, como era su intención, ni salirse del uribismo, porque le desmantelarían su cuota burocrática y, para colmo de males, no sabe si su equipo parlamentario lo siga acompañando o se quede con Uribe para la reelección. Con el agravante de que se le creció el enano, porque a Juan Manuel Santos que figuraba apenas como cuota de El Tiempo para una posible candidatura, la suerte le jugó a su favor y logró objetivos militares difíciles y parece ahora tener el respaldo popular que antes no tenía.

Por su parte, el Polo Democrático la tiene difícil al no producir un líder que los aglutine a todos y seduzca al electorado para constituirse en la gran salida de izquierda. Nada de raro tiene que resulte aliado con el liberalismo a través de César Gaviria para derrotar a Uribe. Y Uribe por su parte juega tranquilo porque mientras exista la guerrilla, puede soñar con su reelección. El referendo sale adelante porque una cosa son las irregularidades en cuanto a la recolección de fondos, que tiene responsables y, otra, la expresión efectiva del pueblo.

Así que la política se polarizaría en torno a Uribe y, por las fuerzas de la oposición, César Gaviria como alternativa.

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