sábado 05 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

La cumbre de Bariloche

La reunión de Bariloche fue un reflejo del manejo que tanto Brasil como Argentina tienen sobre la política suramericana, en donde si bien  roba mucha pantalla Hugo Chávez  y hace bulla con su revolución socialista bolivariana, los demás países  se mantienen alejados y solo Ecuador y Bolivia se mueven en su esfera de influencia. A Brasil, Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay poco los entusiasma el mito, porque ellos tienen sus propios libertadores.  

La cumbre fue organizada por Argentina en colaboración con Brasil y se dieron el lujo de imponer su política por encima del bloque Venezuela- Ecuador Bolivia, que quería una confrontación con Colombia. Si bien en la televisión venezolana se ve al presidente Chávez muy crecido, allí en la cumbre lució sometido a una fuerza superior encarnada en Brasil y Argentina, sin que se notara ese impacto televisivo que irradia desde su 'aló  presidente'  en Caracas.

Antes  tuvo  que bajar su  testa soberbia de llanero ante las evidencias.   Chávez  decidió envainar la espada y someterse al querer de la mayoría, que no buscaba  ahondar los problemas, sino encontrarles soluciones.   El argumento de las potencias emergentes en Suramérica como Brasil y  Argentina,  que es el de la independencia del continente con relación a Estados Unidos, busca la reencarnación de la doctrina Monroe, pero desde la perspectiva del sur: Suramérica para los suramericanos.

Da la sensación de  producirse un  relevo de poder, cuando EU parece  iniciar  un repliegue en su influencia sobre Latinoamérica, a juzgar por las últimas movidas de Obama con su apoyo a  Brasil como bateador  de relevo, para liderar  de aquí en adelante el continente y convertirse en  árbitro de sus conflictos y  orientador de sus políticas. A su vez, Brasil no renuncia del todo a su alianza con Estados Unidos, pero buscando ya un lugar de iguales y no se simple amanuense del poder norteamericano, pues además le sirve de pivot para su contacto con el resto de potencias del mundo.   

Dado ese papel de potencia emergente, bien pertrechada militarmente y con ánimo de controlar la política suramericana, Brasil se sintió  lesionado en sus intereses en el pleito de las bases militares, sobre todo la de Palanquero que resulta neurálgica.   Pero a su vez, no se podía dar el lujo de ponerse en contra de Estados Unidos y de ahí la decisión  que se impuso en la cumbre, que fue la de investigar sobre el contenido de los acuerdos con Colombia, por medio de la Junta asesora de Defensa.   

Se ve claro pues, por donde va el agua al molino en este tramo de la historia latinoamericana y suramericana, cuando podemos estar ante un relevo en el poder tradicional de Estados Unidos, para continuar con otro, como Brasil.   Y ahí el epílogo grave es que termine como la doctrina Monroe, en este caso referida a Brasil: Suramérica para los brasileños.

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