sábado 21 de febrero de 2009 - 10:00 AM

Las inconsistencias del sistema parlamentario

Las inconsistencias  del sistema parlamentario se pueden ver  bien claras en el  caso de Israel, cuando acaban de celebrarse  las elecciones y,  no obstante la mayoría parlamentaria del partido de la primera ministra Livni no estaba  en capacidad de formar gobierno porque no alcanzaba a obtener la mayoría absoluta, al no encontrar con quién aliarse mientras que el partido de Nentanyahu sí estaba en capacidad de hacerlo.

Así que muy seguramente Netanyahu será ungido por el Congreso como nuevo Primer Ministro, sin que el pueblo haya tomado esa decisión en las urnas.  En estas condiciones,  el Congreso termina desvirtuando  la decisión del pueblo, tanto titular del poder constituyente como de la soberanía.  Se puede alegar que el Congreso ha sido elegido por el pueblo, convirtiéndose en su representante legítimo y, por lo tanto, puede tomar  una decisión de este tipo. Pero quien ganó las  elecciones por mayoría de votos fue precisamente Kadima y no Likud,  al obtener más curules en el Congeso.  

Así, quien termina eligiendo Primer Ministro es el Congreso, poder delegado y representativo, mientras que la decisión del pueblo, poder delegante y directo, resulta desvirtuada y con efectos puramente diferidos y condicionados, porque de no haber mayoría absoluta debe respaldarse en otro partido para formar gobierno.

Esto no ocurre en el sistema semiparlamentario como el de Francia, donde el Presidente es elegido directamente por voto popular.  El primer ministro elegido por el pueblo mediante la expresión de las mayorías, debe correr con la suerte que tuvo José María Aznar cuando no alcanzó la mayoría absoluta, pero encontró en el partido catalán de Pujol el aliado que le hiciera la segunda y así poder consolidar su periodo. Se parte pues, de que el poder dominante es el Congreso, porque  no es suficiente la decisión del pueblo tomada en las urnas.  

Esto podría obedecer a la lógica de la Inglaterra de la revolución gloriosa en el siglo XVII, pero no a la concepción dinámica y ejecutiva de un siglo como el XXI, porque queda mediatizado el ejecutivo al legislativo.  Mientras tanto en Israel se produce un alto en la política, que no se compadece con la situación tan compleja en que vive con relación al problema de Palestina.  

De otra parte, dialécticamente se desvirtúa la decisión del pueblo de optar por determinada línea de pensamiento y de acción, pues si el pueblo escogió una posición de centro, como la de Kadima,  termina convirtiéndose en de extrema derecha, tendencia que no fue la escogida por el electorado, al  convertir el Congreso esa tendencia en lo contrario. Cuando de por medio existe la política de manejo con los palestinos, que debió mover precisamente la voluntad del electorado  para escoger  la solución de centro. Puede ver el texto completo en raulpachecoblanco.blogspot.com

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