sábado 06 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Un fallo santanderista

Se está empezando a digerir lo que fue la sentencia de la Corte Constitucional sobre el referendo, luego del concepto del Procurador y de la ponencia del magistrado Sierra Porto. Para nosotros fue un fallo eminentemente santanderista, en cuanto solo se tuvo en cuenta el aspecto formal y apenas se soslayó el de fondo. Cuando se podía haber producido un fallo que pasando por encima  de normas puramente procedimentales, se llegara a conclusiones más universales, más totalizadoras en cuanto a la situación que vive el país  en este momento.

Así, que bajo la excusa de que el procedimiento contempla aspectos democráticos, se le cierra el paso a la expresión de esa democracia. Me parece un contra sentido. Hay que tener en cuenta que la interpretación constitucional ahora es completamente abierta, no es como antes, en que el fallador se limitaba a interpretar la norma, o el espíritu, o el querer de los constituyentes. Ahora existe otra interpretación, que consiste en adecuar la normatividad al momento que se  esté atravesando, a tener en cuenta el juego de circunstancias que se viven en un momento dado, al impacto que determinado fallo vaya a causar en la opinión pública. Es decir, actualizar la constitución, ponerla al día y a la hora. Así  que si una ley va a causar un impacto negativo en la población, por más de que llene todos los requisitos legales, se procede a declararla inconstitucional. Y creemos nosotros que en este momento, el fallador, en este caso la Corte Constitucional, estaba  en una situación privilegiada para evaluar el cúmulo de circunstancias que se presentaban, y hacerse a un lado de la polarización de tendencias que se estrellaban, entre uribistas y antiuribistas. Por eso creemos que por encima de un estado de opinión o de un estado de derecho, existe un estado de bien público, que excede la capacidad  que tiene una comunidad para darse su propia orientación. Que  engloba el querer de un bien que está más allá de lo inmediato, que cubre el ámbito internacional, la posición del país ante las demás naciones, el estado de sus relaciones, el grado de polarización que existe a nivel interno y que no promete nada bueno en cuanto a la paz y  al orden se refiere, la posibilidad de que se vayan estrechando las condiciones de la democracia al acumular demasiado poder en uno de sus órganos públicos, en este caso el ejecutivo. El texto continúa en raulpachecoblanco.blogspot.com

 

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