viernes 08 de octubre de 2010 - 10:33 PM

Vargas Llosa y el Premio Nobel de Literatura

Vargas Llosa ya se había resignado a quedarse en compañía de Borges, Joyce y Kafka como los grandes escritores a quienes no se les concedió el premio Nobel. Siempre se había especulado que el premio estaba reservado para los escritores de izquierda y todo lo que fuera derecha le sonaba mal a la Academia sueca. Pero se rompió el hechizo. De los últimos premios Nobel solamente Pamuk ha recibido la consagración de los lectores. Los demás no han estado a la altura de las circunstancias. La obra de Vargas Llosa por el contrario, ya había conseguido la consagración de los lectores del mundo. Desde que se inició con La ciudad y los Perros, ya se vislumbraba el futuro que le esperaba. Vinieron obras de mucho calado como La Casa Verde, Conversación en la Catedral, El Chivo, la gran novela dedicada al dictador dominicano Leonidas Trujillo, don Pantaleón y las Visitadoras, etc.

Ha sido uno de los más prolíficos escritores latinoamericanos del siglo XX. Pertenece a una generación que se dedicó a redescubrir sus propios países, a darle un contenido latinoamericano a sus obras, tratando de abandonar las influencias de lo parroquial y anecdótico, del costumbrismo siglo XIX, muy apegado a la descripción rural de los paisajes y la lenta vida de una sociedad periférica. Ellos urbanizaron la literatura y se metieron a encontrarle el sabor de la guayaba, como diría García Márquez. Hay tres obras que llevan un hilo conductor en esa perspectiva y son Cien Años de Soledad, La Región más Transparente de Carlos Fuentes y Conversación en la Catedral, de Vargas Llosa. En la primera, el acercamiento hacia una realidad propia la hace García Márquez desde el mito. Trata de fundar el pueblo nuestro desde la literatura, echando mano a la exuberancia en el lenguaje y en el entorno en que se mueve. Los personajes son mitológicos y se desplaza en un espacio entre la realidad y la ficción. Allí la magia de García Márquez descubrió lo real-fantástico. Fuentes por su parte en la Región más Transparente busca las raíces de la nación mexicana, el color y la textura de su gente, ya no en forma mítica, sino histórica, con un criterio descarnado y crítico. Así se pasea por toda la historia de México para ir sacando conclusiones, en una especie de catarsis para encontrar la transparencia. Y Vargas Llosa hace ese mismo escrutinio, pero referido a una época más contemporánea en el Perú del siglo XX. Siguiendo su sentido de lucha contra el poder, para desnudarlo y estigmatizarlo, algo que tuvo muy en cuenta la Academia sueca para darle el premio Nobel, como lo haría luego desde un ámbito ya biográfico en la Fiesta del Chivo.

Ahora la nueva literatura latinoamericana se sale de ese contexto y entra en una fase ya globalizada en donde el elemento primordial no es el nacionalismo narrativo, sino en poner a jugar el pasado dentro del presente, como lo han hecho Gabriel Vásquez, Enrique Serrano y Andrés Newman.

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