La política colombiana es una porquería. La corrupción, la hipocresía, los sucios intereses, el engaño, el afán de poder, se apoderaron de tan noble actividad. Hasta la bandera de la paz ha caído en sus nefastas garras.Tenemos un Presidente que es mago en ese arte. Sus intenciones pueden ser santas, pero hay suficientes hechos para pensar que a la búsqueda de sus intereses “políticos” sacrifica todo lo demás. Lo hemos visto cambiar hartas veces de camiseta según el equipo que mejor lo alumbre porque dizque la política es “dinámica”. Navegó en los barcos de Gaviria, Pastrana y Uribe, y hoy está enfrentado con estos dos últimos. Estuvo maquinando en tiempos de Samper y hoy es su aliado. En tiempos de Uribe criticó los diálogos del Caguán, en los cuales participó sin musitar crítica. Como periodista y ministro de defensa de Uribe se enfrentó a Chávez quien de la noche a la mañana se convirtió en su mejor amigo. Se opuso a la reelección de Uribe y después armó un partido para promover hasta una segunda. Ningún gobierno nos había saturado tanto de autopropaganda televisiva.Tales personajes no siguen principios sino intereses, no buscan lo que es mejor sino aquello que mejora su imagen entre los votantes. El bajón de las encuestas lo llevó a improvisar el programa de las 100.000 casas gratis y echarse al bolsillo a Vargas Lleras, su más fuerte contrincante en un futuro proceso reeleccionista. Después, de un momento a otro se montó en el potro otrora vencedor de los diálogos con los subversivos.Llovieron entonces rayos y centellas de dos envidiosos expresidentes Pastrana y Uribe. ¿Acaso Pastrana no utilizó ese adefesio del Caguán para ser elegido? ¡Qué cinismo! ¿Acaso Uribe no se alió hasta con Chávez y Piedad Córdoba para lo mismo? Hoy, embriagado por el orgullo y la viudez de poder, cual demente enfurecido con su micrófono, las balas envenenadas de su Twitter y aún los más sucios artilugios, patea todo lo que hace un Presidente que habiendo sido su ministro no ha querido someterse a servirle.¡Pobre un país al vaivén de líderes políticos sin grandeza!Ahora nuestro Presidente se dejó alienar en una marcha por la Paz convocada por organizaciones con intereses ambiguos y tolerantes con el secuestro y la violencia y que no han renunciado a ese venenoso coctel entre actividad política y violenta. Se montó en ese azaroso movimiento para ganar adeptos para el proceso de Paz y utilizó las fuerzas gubernamentales para apoyarlo. Hasta convocó a la marcha a un grupo de militares y mártires de la patria. Fue una manifestación lánguida que dividió aún más al país. Abundaron los “servidores” públicos y escasearon las organizaciones sociales. ¡Qué contraste con aquellas contra el secuestro, por el agua etc.!