Los habitantes de estas tierras tenemos fama de verracos. Por algo aquí se gestó loa revolución de los Comuneros. Pero los hechos lo contradicen. A excepción de las marchas en defensa del Páramo de Santurbán, ya nada nos despeluca.Aceptamos calladitos y agachaditos que nos duplicaran el impuesto predial. Y ahora nos amenazan con un impuesto de valorización cuya justificación no conocemos.No me opongo a los impuestos si son justos. Ellos son la manera de obligarnos a ser solidarios y contribuir al bien común. Los impuestos establecidos con justicia y equidad y cobrados con eficiencia, son la única forma democrática que nos hemos inventado para hacer convivir la justicia con las inevitables desigualdades y para contribuir a la satisfacción de las necesidades básicas de la comunidad. El principio básico del socialismo a ese respecto es: “Contribuya cada cual según sus posibilidades y reciba según sus necesidades”. Tal máxima debe ser mitigada para evitar abusos e injusticias. Pero hay otra que me parece más justa: “Contribuya cada cual según sus posibilidades y reciba según sus méritos”. Y particularmente la siguiente: “No hay contribución sin participación, ni participación sin contribución”.No es justo que se obligue a una persona a obedecer una ley en cuya elaboración no haya tenido ocasión de “participar”. La discusión se centra entonces en los límites de tal participación.No se puede pretender que los impuestos sean establecidos por consenso y ni siquiera por mayoría o por referendo popular. Por eso se llaman “impuestos”. Pero tales determinaciones deben ser discutidas abiertamente en los entes de representación popular y con suficiente información para la ciudadanía. Tal cosa no sucede con el amenazado impuesto de valorización cuyo monto, distribución y utilización son un misterio.Pero lo que sí es justo es que las tales cargas impositivas se utilicen con honradez y a beneficio de la comunidad.Tal cosa evidentemente no sucede en el caso del “Cerro del Santísimo”, en cuya construcción nuestro flamante y joven Gobernador va a despilfarrar 43.000 millones de pesos (seguramente serán más), no para satisfacer las necesidades de su pueblo, sino para alimentar su ego y vanidad. Mientras tanto hay poblaciones que carecen de agua y alcantarillado, nuestras carreteras están en el olvido y los cacaoteros en quiebra.Entre tanto la ciudanía permanece anestesiada y los organizaciones sociales parece que no existieran. Poco podemos esperar de nuestros concejales, diputados, congresistas y partidos políticos ya que todos sabemos para qué y a quienes sirven. Pero, ¿las demás organizaciones no existen?