Somos algo más que cuerpos u organismos dependientes de la naturaleza sometidos a sus leyes. ¿Las funciones que llamamos “espi-rituales” se reducen a productos de reacciones orgánicas que suceden en nuestros cuerpos en reacción con su medio natural o debe recurrirse para su explicación a una entidad extracorpórea o “alma espiritual” independiente de nuestro cuerpo? Aunque el pionero del alma fue Pitágoras, el filósofo de nuestra cultura “espiritual” fue Platón, primero en diseccionar al ser humano en dos entidades: el alma espiritual e inmortal y el cuerpo físico y perecedero. La muerte es la separación del alma y el cuerpo, la descomposición del primero y el retomo de la segunda al mundo verdadero, escapada de la prisión de este mundo sensible. Platón fue “bautizado” como el filósofo de la cultura espiritual occidental, ya que sus doctrinas se acomodaban a las especulaciones ultrametafísicas de las religiones institucionales.Aristóteles no fue del mismo parecer, sino que entendió los fenómenos de los seres vivos como procedentes de un principio o energía vital, o alma que es de tres clases: vegetativa, sensitiva e intelectiva, constituyendo las tres órdenes de los seres vivos: vegetal, animal y humano o racional. Tal energía vital se disuelve al regresar después de la muerte a la energía universal, tal cual lo postulan aún las culturas orientales. La introducción de este dualismo o escisión interna del hombre en alma y cuerpo, terminó con el desprecio de las funciones orgánicas y el predominio de la educación “racional” sobre la física. Pretender dar mayor importancia a la educación de las facultades racionales que a las corporales es una distorsión. Olvidar la educación de nuestros cuerpos es un absurdo. Nuestro comportamiento depende radicalmente de nuestros cuerpos. Pretender entender y moldear los comportamientos humanos a partir de “almas” es ignorancia. La peor ignorancia de los seres humanos, afirmaré con Baruch de Spinoza “el filósofo de los filósofos”, es la de nuestros cuerpos. Ignoramos de qué sea capaz nuestro cuerpo, cuál sea su naturaleza y cuáles sus potencialidades. Tal ignorancia lleva a errores crasos sobre nuestro comportamiento y a distorsionados enfoques educativos. (continuará).