domingo 29 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

Bolivia y Colombia (II)

Si bien en Bolivia escasea el liderazgo, su clase dirigente y política, a diferencia de la nuestra, ha sido capaz de superar sus egoístas pequeñeces para reunirse, aún dentro de situaciones límites, para buscar una solución consensuada a problemas infinitamente mayores y más complejos que los nuestros y que tienen en vilo su misma existencia como país.

Tenemos un liderazgo académicamente preparado, pero en el cual abundan la inmoralidad y el egoísmo y escasean el interés compromiso con el bien común. Da tristeza y repugnancia ver a líderes del Legislativo y Judicial atareados en faenas mezquinas para defender sus intereses de poder.  ¿Por qué no enfocan sus baterías a plantear soluciones a nuestros problemas y a proyectar el país hacia el futuro?

Nuestras altas Cortes donde abundan los Robespierre, los Savonarolas y Torquemadas, infalibles y soberbias, enzarcilladas en celos de poder y ocupadas con frecuencia en la cacería de brujas, no se dedican a colaborar, a buscar caminos realistas de verdad y justicia restaurativa, reparación y apoyo a las víctimas, a los desplazados, a los reinsertados, para lograr sepultar, sin posibilidad de resurrección, no en el olvido sino en el pasado, la tragedia que hemos vivido y todavía coletea, hacia un país con mayores oportunidades para todos, sin violencia, corrupción y narcotráfico.

Tantos economistas no han sido capaces de cranear una reforma estructural a nuestro sistema económico e impositivo con criterios de claridad y de justicia que ponga coto a los grandes conglomerados económicos, a los monopolios y a los pulpos financieros que se están enriqueciendo con la especulación y la explotación de nuestros recursos y nuestros trabajadores.

Tantos ingenieros ambientalistas han sido incapaces de proponer un estatuto de aguas, de tierras, de protección y explotación sostenida de los recursos naturales.

Las universidades y sus líderes, encerrados en sus parroquias o picados por el bicho de los dogmatismos y autosuficiencias no son el fermento de energía y de cambio a que por su naturaleza están llamadas.

Nuestro sistema 'democrático' es una vergüenza. Los entes representativos y en particular el Congreso parecen circos donde cada cual defiende sus intereses y corruptelas.

La mayor preocupación de nuestros legisladores es si el Presidente busca la reelección para ir buscando cobijo bajo la luz que más alumbre o trazar las estrategias, no que más sirvan al país, sino a sus mezquinos intereses.

Los 'amigos' de Uribe se arropan bajo su prestigio y sus realizaciones para defender sus gabelas, encubrir su mediocridad y defender sus feudos, listos según las circunstancias, a emigrar hacia cualquier tolda favorable. El otrora glorioso Partido Liberal, se ha convertido en una minoría circense que ha transformado la arena política en plaza de toros o fiesta de payasos. Y la oposición, lejos de ser alternativa, engolosinada con 'joder al Presidente', carece de rumbo, de metas y de proyectos.

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