domingo 10 de marzo de 2019 - 12:00 AM

¡Confianza!

Si hay algo que es preciso reconstruir en nosotros mismos, en nuestro país y en la comunidad humana es la confianza. Vivimos un ambiente de perverso y paralizante pesimismo. Aunque hay razones para ello, es preciso superarlo.

Mi invitación no es a cerrar los ojos a la realidad y a sumirnos en la ensoñación o la ingenuidad, sino a mirar la realidad tal cual es y asumir una reacción proactiva ante ella.

Pero nos hemos dejado consumir en una cultura necrófila. No vemos la realidad real, sino únicamente lo malo, corriendo el peligro de declararnos derrotados sin ni siquiera empeñarnos en la primera batalla. Vemos los peligros y dificultades pero no las posibilidades y oportunidades.

Mi invitación para este nuevo año es a reconstruir en nosotros mismos y en nuestras comunidades la conciencia de que ¡sí podemos! Y esta no es una cosa fácil. Invade la cultura del negativismo.

Al despertar de cada día pensamos en lo difícil que está la situación y en las dificultades que se atraviesan en nuestro camino; nos llenamos de miedo, de desolación o desesperanza y no la asumimos con la actitud del corredor de obstáculos, con la conciencia de que podemos.

Muchas circunstancias conspiran en contra nuestra. En el periódico abundan las malas noticias y escasean las buenas; los noticieros de radio y televisión más parecen narración de crímenes que presentación objetiva del acontecer, porque la muerte genera más “rating” que la vida. Y son cada vez más largos, pues repletos de una publicidad exagerada y alienante.

Y qué decir de las redes sociales, donde pululan chismes y falsedades?

Qué es aquello que más se escucha en las reuniones de amigos sino lamentaciones. Los comentarios positivos no interesan; son recibidos con sospecha, escepticismo o indiferencia, pronto sumergidos en un océano de pesimismo colectivo y maledicencia.

Una cosa es la insatisfacción, otra la amargura y el pesimismo. La insatisfacción es propia de los seres vivos en búsqueda de nuevas y mejores metas y caminos; la amargura nos sume en el derrotismo. Tenemos que aprender a vivir serenos aunque insatisfechos. (continuará).

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