domingo 13 de enero de 2019 - 12:00 AM

Reinaldo Suarez Díaz

Fútbol y Civilización (III)

Ilustré, en el escrito anterior, refiriéndome a los argentinos como, las selecciones de fútbol reflejan la historia, la idiosincrasia y la situación política de los respectivos países. En contraste me refiero ahora a aquellas de los islandeses y los croatas.

Islandia es una isla de 102.000 Km2, situada cerca de Groenlandia en el mar del Norte. Tiene 400.000 habitantes, 150.000 de los cuales habita en Reykiavik, su capital. Vive de la pesca, el cultivo de la papa, la pequeña ganadería y el turismo. Sólo durante 4 meses y por algunas horas puede practicar deportes al aire libre. ¿Cómo es posible que una nación en estas condiciones y sin jugadores profesionales, tenga una selección que fue imbatible durante el proceso de eliminación, compitiendo con sus pares europeos y después en el primer partido del último mundial le ganó a Argentina, sumiéndolo en una crisis que lo llevó a la eliminación?

Se trata de un proceso muy interesante con dimensiones no sólo deportivas sino político-sociales, muy apto para el análisis de sociólogos y sicólogos sociales.

Hace uno años Islandia contrató a un entrenador con el objetivo de organizar su selección. El nominado sólo encontró un pequeño estadio, unos pocos hinchas y algunos jugadores aficionados. ¿Cómo logró éxito? Comenzó convocando a los pocos aficionados a una reunión con los jugadores para explicarles las técnicas y estrategias. Todo ello en secreto y con la prohibición de teléfonos celulares. Y llegó el primer partido y el primer triunfo. Los asistentes notaron que había un grupo pequeño particularmente organizado y entusiasta. Eran los asistentes a la reunión. El asunto se regó como pólvora y las reuniones se hicieron tan frecuentadas y las discusiones tan interesantes que el entusiasmo fue creciendo de tal manera que el espectáculo se tornó nacional. Las barras terminaron ovacionando a su equipo organizadamente al son de un gran tambor vikingo. El “milagro” se dio y miles de islandeses acompañaron a su equipo por las diversas ciudades donde se jugó el mundial.

Sus jugadores siguieron siendo el tendero de la esquina, el albañil, el pescador, el cuidador de ovejas, etc. Todo un país jugando fútbol.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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