domingo 20 de enero de 2019 - 12:00 AM

Reinaldo Suarez Díaz

Fútbol y civilización (V)

Estoy ilustrando cómo las actividades deportivas y particularmente el fútbol, tienen estrecha relación con la política.

Entre otras cosas, las selecciones nacionales reflejan la idiosincrasia, la historia y hasta la situación política de sus respectivos países e influyen poderosamente en su cohesión social y conciencia de nacionalidad.

Examinados los casos contrastantes de Argentina e Islandia, pasemos a Croacia, un pequeño y pobre país de 56.000 Kms2 y cinco millones de habitantes situado en la ribera oriental del mar Adriático frente a las costas de Italia.

Al contrario de Italia, Croacia no se caracteriza por sus playas arenosas y sus fértiles tierras. Sus paisajes son hermosos ( su himno comienza “Nuestra hermosa patria...”), y sus aguas de un cristalino azul, pero sus tierras son estériles y no aptas para grandes cultivos, y sus pétreas playas no atraen a los bañistas.

Su principal recurso fue hasta el siglo XVIII la fuerza y valentía de sus gentes que militaban como mercenarios en los diversos reinos de entonces. En Francia fue famosa su vestimenta y particularmente la pañoleta en sus hombros, la atrayente y colorida “cravatte”, que se trasformaría en la moderna corbata.

Hasta la segunda guerra mundial, Croacia era uno de esos numerosos reinos de la región balcánica ( Servia, Bosnia, Macedonia, Kosovo, Montenegro), que después del segundo conflicto mundial conformaron un solo país (Yugoeslavia), con el liderazgo del cróata mariscal Tito, héroe de la resistencia contra los nazis. Con su muerte Yugoeslavia se desintegró transándose en una cuenta lucha étnico-religiosa contra el pretendido dominio de Serbia (ortodoxa), sobre Bosnia (musulmana) y Croacia (católica).

En el 2010 Croacia logró expulsar a los invasores serbios de sus territorios. Se calculan es 20.000 los cróatas víctimas de la absurda guerra de los Balcanes.

Aunque de tradición autoritaria, Croacia es hoy una democracia, regida por esa joven y hermosa dama que pudimos apreciar por televisión, convertida en el hada madrina de sus jugadores.

El fútbol se convirtió para ellos en un orgullo nacional. Hoy sus jugadores están esparcidos por todas las grandes ligas europeas, y los otrora mercenarios de la muerte y opresión se trasformaron en mensajeros de alegría.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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