domingo 24 de enero de 2010 - 10:00 AM

Haití trágico

La historia de Haití es trágica. Un grupo de esclavos africanos comprados por los franceses, fue sometido a trabajar en plantaciones de caña al Occidente de La Española, isla en la cual desembarcó Colón por primera vez. La parte oriental, más extensa y rica, fue colonizada por los españoles y constituye hoy la República Dominicana.

En 1807 después de haber eliminado o desplazado a los hacendados franceses se declararon libres e independientes luego de haber dado muerte al gobernador francés el General Leclerc,  siendo el primer pueblo latino que logra la Independencia y libera a los esclavos. Ejercieron el gobierno sucesivos 'emperadores' negros quienes imitaron los fastos de la metrópoli. Las haciendas desaparecieron y la población quedó sumida en la miseria. Uno de ellos, Petión, ayudará a Bolívar en la guerra de Independencia. Después de una larga sucesión de cortas dictaduras y de una sangrienta Guerra con la República Dominicana se instala la cruel y larga dictadura del médico Francois Duvalier (papa Doc) a quien sucede su hijo (nené Doc) un joven idiota, corrupto y desalmado quien al ser derrocado el 1986 se refugió en Francia donde luce orondo la Condecoración Orden de la democracia otorgada por el ilustre Congreso de Colombia. Se sucedieron cortas dictaduras militares hasta que fue elegido democráticamente Jean Claude Arisitide, un exsacerdote salesiano, derrocado al poco tiempo y reinstaurado en el poder por la ONU. Cuando el país bajo la guía de René Preval comenzaba a tener alguna estabilidad política y brillaban en el horizonte esperanzas de progreso, un huracán peor que Katrina arrasa el país.

Renacido apenas de su ruina acaba de ser casi totalmente destruido por un terremoto. Las fuerzas de la Naturaleza se han ensañado cruelmente contra un pueblo inerme y desvalido.

Ante semejante hecatombe uno se pregunta ¿por qué suceden tan injustas tragedias en el mundo? En este caso no se le puede achacar a la terca voluntad humana que persiste en vivir en lugares mortales como lo hacen quienes se reinstalaron en las faldas del Nevado del Ruiz o en las riveras del Río de Oro. Los terremotos son imprevisibles y, si bien hay zonas de mayor proclividad sísmica, pueden suceder en cualquier lugar.

Para quienes consideran que el mundo está regido por el azar, la respuesta es fácil: se trata de una fatalidad que le puede suceder a cualquiera. No lo es así para quienes consideramos que hay un ser o una fuerza así llamada 'divina' intrínsecamente ordenada que rige los destinos de la tierra. Más difícil lo es aún para quienes creen en un Dios personal, bueno y providente. Es difícil aceptar a los estoicos para quienes todo está bien y estos males aparentes proveen al bien del conjunto. Y más difícil aún considerar estas tragedias como castigos de un amoroso (¿o caprichoso?) Dios. El enigma permanece.

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