domingo 23 de agosto de 2009 - 10:00 AM

¿Qué hacer con nuestros vecinos? (II)

Me parece que nuestras relaciones con Venezuela son más importantes que aquellas con Ecuador pero más fáciles de lidiar, debido a la aparente fortaleza pero intrínseca debilidad del gobierno chavista. Sus bravuconadas por ejemplo con el TLC, con la colaboración norteamericana, por los destapes de sus relaciones con los subversivos, coreadas por sus lacayos del ALBA, son señal de debilidad.

Son más importantes debido a la magnitud del intercambio comercial, ya que en el fondo es el comercio el que guía y fundamenta las relaciones entre los pueblos. Son delicadas debido a la megalomanía de Chávez, a sus ínfulas de liderazgo, a sus ambiciones expansionistas, a las impredecibles reacciones del sátrapa. Pero los dictadores megalómanos y bocones si bien pueden cometer locuras, terminan siendo víctimas de sus engendros. La grandeza de un líder se demuestra en su serenidad no en sus alborotos.

El poder de Chávez en frágil ya que se basa en la frágil bonanza de su cartera de petrodólares que le permite beneficiar a manos llenas a sus familiares y amigos, a súbditos votantes, sostenedores y áulicos. Nuestra economía, aunque frágil, es menos dependiente y más autosuficiente.
Nuestras exportaciones, basadas en alimentos, son difícilmente sustituibles, y un desabastecimiento en cantidad y calidad generaría gran descontento en el exigente y mal acostumbrado pueblo venezolano.

Nuestro pueblo es muy sacrificado y trabajador, no así el burgués veneco. Cultivar el campo y generar empresas requiere un espíritu muy abundante entre nosotros y escaso en los vecinos.

Sus amenazas guerreristas son simples pamplinadas. Si bien sus armas pueden hacernos repentinamente mucho daño, nuestras fortalezas son mayores. Su ejército no le da un brinco al colombiano. Sus soldados son flojos pues viven de vagos en los cuarteles y sus generales unos burgueses que se dan buena vida en sus clubes y oficinas, mientras nuestros soldados transitan por nuestros caminos y se internan en las montañas en vigilancia y lucha permanente acompañados de sus generales. Y nuestros amigos son más poderosos que los suyos.

Las bravatas de Chávez y su familiaridad con las Farc le cuestan caro en su interior, ya que en él habitan unos dos millones de colombo-venezolanos trabajadores y votantes generadores de progreso quienes, si bien por prudencia no lo manifiestan, sienten dolor de patria.

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