domingo 30 de agosto de 2009 - 10:00 AM

¿Qué hacer con nuestros vecinos? (III)

Afirmé e ilustré en el escrito anterior que si bien nuestras relaciones con Venezuela son más importantes que aquellas con Ecuador debido a la magnitud de nuestro comercio, su fragilidad es más aparente que real.

En cambio las relaciones con Ecuador, si bien menos importantes, revisten mayor complejidad.

Correa es un líder malgeniado y autócrata, pero más preparado, inteligente y sagaz que el coronel. Es bocón y agresivo contra Colombia porque le conviene serlo, ya que le da jugosos dividendos políticos.

A diferencia de Venezuela, en Ecuador existe un atávico y ahora alborotado anticolombianismo no carente de justificación. Nuestros compatriotas que allí habitan son en su gran mayoría un peso para esa pobre nación de la cual ha debido emigrar una tercera parte de sus habitantes. Son refugiados, muchos de ellos ladrones y pillos. Nuestros conflictos internos, a diferencia de Venezuela donde alimentan sus miras expansionistas, son un gran problema para los ecuatorianos.

Si bien los compromisos y simpatía de Correa con las Farc son evidentes, no revisten para ellos la avanzada de un 'ejército  bolivariano' en nuestro territorio, como en el caso de Chávez.    

No hay que hacerle demasiado caso a las bravatas de Correa, ya que son una manera de afirmarse en el poder y distraer sus problemas internos. El bombardeo al campamento de Reyes cualquier país sensato en nuestra situación lo habría hecho; se trató de una acción necesaria de legítima defensa. Correa se basa en este hecho para avivar el anticolombianismo y como una cortina de humo para manipular a su gente.

El comercio colomboecuatoriano no tiene mayor importancia para las dos partes. Ecuador no necesita de nuestros productos, tal vez de nuestra energía eléctrica. Considero que, evitado el contrabando, esta crisis comercial beneficia a nuestra agricultura y perjudica muy poco a la industria.
Militarmente Ecuador es incapaz de hacernos daño. Y no puede inmiscuirse radicalmente en nuestras relaciones internacionales ya que depende de nuestros amigos.

La prudencia lleva a aprender de las crisis y a mirar hacia el futuro. Tenemos que zafarnos de tanta dependencia económica de nuestros vecinos. Debemos preguntarnos qué nos conviene producir y qué podemos exportar en condiciones de competitividad. Examinar nuestras fortalezas y aprovecharlas. Y seguir nuestro camino con ojos bien abiertos y oídos bien despiertos, sin temor al ladrido de los perros.

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