domingo 28 de junio de 2009 - 10:00 AM

Los hijos del Presidente

No es la primera vez que los negocios de los hijos o familiares de los Jefes de Estado han causado dolor de cabeza a los gobernantes y han sido comida apetitosa para los medios de comunicación.

Todavía está en la mesa el plato Tomás y Jerónimo, los hijos del presidente Uribe. Se han planteado fundamentalmente estos interrogantes: 1. ¿Es bueno o conveniente que los hijos mayores de edad de los mandatarios se vayan al exilio voluntario durante el mandato de sus padres?

2. ¿Es lícito o conveniente que ellos hagan negocios en los cuales estén implicado funcionarios o mandatos del Estado?
Respecto a lo primero no entiendo por qué y me parece injusto que los hijos o familiares de un Presidente o funcionario público deban ser relegados a ciudadanos minusválidos y cercenados en sus derechos. Si sea o no conveniente es discutible. Por un lado, fuera del país, pueden causar menos problemas a los gobernantes, pero por otro el país se priva de energías juveniles que pueden ser puestas al servicio de sus conciudadanos.

Respecto a lo segundo no es ilícito (o no debería serlo) que ellos contraten directamente con el Estado pero no es lo más conveniente. Pero es raro un negocio trámite en el cual no deba recurrirse a funcionarios públicos.

Lo ilícito reside en que se emplee para ello de información reservada, no accesible a todos los ciudadanos que la requieran o que se recurra a tráfico de influencias con entes o funcionarios estatales.

En los negocios de Tomás y Jerónimo y concretamente en el de la zona franca de Mosquera nada encuentro de ilegal o antiético pero sí de inconveniente. Lo legal se refiere al cumplimiento de las leyes y trámites establecidos. Lo ético se refiere a los bueno o malo, lo correcto o incorrecto. Lo conveniente entra dentro de imperio de la prudencia.

Es legal porque no violó ninguna ley y se realizaron los trámites establecidos.

Es ético porque no perjudica ni al Estado ni a los particulares. Se trató de un negocio que hubiera podido realizar cualquier ciudadano sin necesidad de recurrir a información secreta o a tráfico de influencias.

Pero fue un negocio inconveniente porque dio comidilla a los enemigos del Presidente para ensañarse aún más contra su gobierno.

En este debate ha habido intenciones turbias. Cuando esos muchachos se dedicaron a comerciar con artesanías se dijo que estaban explotando a los artesanos, mientras su labor le dio trabajo a más de 200 familias e impulsó negocio tan promisorio, como lo han demostrado los pueblos orientales.

Ahora que están impulsando una empresa para el manejo eficiente de los residuos de afirma mentirosamente que la nueva ley sancionada por Uribe que reglamenta su manejo fue promulgada para favorecer a sus hijos. Le hubiera pasado lo mismo a esos emprendedores jóvenes si se hubieran dedicado a cosechar en la burocracia estatal como lo hacen y han hecho tantos familiares de expresidentes y políticos, a menudo sin verdaderos méritos? ¿O es acaso mejor esconderse bajo el testaferrato?

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