domingo 06 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

Más allá de la justicia

El respeto a la dignidad y los derechos humanos lo mismo que la justicia son condiciones necesarias pero no suficientes para una armoniosa convivencia.   Se requiere también la vivencia de otros valores como la misericordia, la compasión, el perdón, la solidaridad, la fraternidad.  Sin ellos las sociedades fracasan en el logro de una verdadera paz. Los seres humanos no somos solamente cerebros pensantes, nos guiamos también por el corazón y los sentimientos que hacen aceptar y reconocer nuestra debilidad.


Los revolucionarios franceses fracasaron en su búsqueda de libertad, justicia e igualdad. Los mejores se aguillotinaron entre sí hasta terminar en la opresión napoleónica que llevó a millones de franceses a perder hasta sus vidas en terribles guerras de conquista.  Buscando la libertad e igualdad se olvidaron de la fraternidad.

Análoga es la situación en nuestros lares. Para salir de nuestra tragedia fratricida encontramos la fórmula: 'verdad, justicia, reparación'.   Nos olvidamos de la compasión y del perdón.

La verdad puede ser lograda, no así la estricta justicia y la completa reparación.
¿Qué clase de justicia buscamos? Si es la punitiva y la retaliativa entraremos al callejón sin salida de la venganza y el desquite. Sólo podemos pretender una limitada justicia restaurativa. Los bienes mal habidos deben volver a sus verdaderos dueños; los asesinos deben confesar sus crímenes, mostrar real arrepentimiento y solicitar sinceramente el perdón.   Los crímenes no pueden quedar en la impunidad.  Pero una restauración completa es imposible. Para siempre quedarán indelebles las cicatrices del conflicto.  Olvidarlo  todo no es posible ni tampoco conveniente.

En lo material hay que buscar la mayor reparación posible sin hacer de las víctimas un instrumento de demagogia politiquera. Pero las consecuencias sicológicas, la pérdida de los seres queridos, la división de las familias, entre otras, son irreparables. Fuera de una sanción significativa para los victimarios, sólo queda el camino del perdón.

Tal tensión entre justicia y fraternidad, castigo y compasión, retaliación y perdón la hemos vivido en el caso del crimen monstruoso del niño de Piedecuesta. La comunidad dio testimonio de solidaridad con la familia del infante.  Pero así como un inmenso número de piedecuestanos desfiló, colaboró, manifestó su fraternidad...así también otra turba, días después clamó justicia y venganza y condenó al ostracismo a las pobres familias implicadas. Dónde quedó la compasión contra esa pobre madre que en su tragedia interior llegó hasta el filicidio, y la comprensión con las familias víctimas de tan atroz crimen?

Es fácil juzgar, es más difícil comprender y perdonar. No bastan la verdad y la justicia; sin compasión y perdón es imposible convivir.

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