domingo 17 de mayo de 2009 - 10:00 AM

Partidos y caudillismo

Una cosa es un partido político y otra un grupo de personas unidas alrededor de un caudillo.

Los partidos políticos se guían por ideas y proyectos y están al servicio de una comunidad. El caudillismo se forma alrededor de personas y está motivado por intereses individuales de sus integrantes.

Los verdaderos partidos políticos, guiados por convicciones perennes, superan a sus transitorios jefes; el caudillismo desaparece o se debilita con la vida de sus caudillos o cuando éstos pierden o disminuyen su poder.

Es normal y necesario que en todo grupo humano o partido político surjan líderes o dirigentes, pero hay muchas diferencias entre un líder y un caudillo.

El líder dirige o motiva a un grupo hacia el logro de unos objetivos comunes que a menudo superan los intereses del grupo mismo, el caudillo manipula a sus seguidores para conservar y afianzar su poder. El líder está al servicio de unas metas; el caudillo centra sus intereses en sí mismo.

El líder es fácilmente reemplazable y demuestra su máxima competencia cuando el grupo puede gestionarse por sí solo y caminar hacia unos objetivos, sin necesidad de su presencia o influencia.

El caudillo se considera irreemplazable o es considerado así por sus seguidores. Los seguidores del caudillo son obsecuentes y aduladores, mientras aquellos del líder son sus generosos colaboradores; los seguidores del caudillo temen contrariarlo y oponerse a sus propuestas, aquellos del líder no temen criticarlo. Los caudillos buscan la desaparición de sus críticos, los líderes escuchan de buena gana y dado el caso, aceptan las críticas basadas en hechos, datos y argumentos.

En el pasado y presente de la humanidad han abundado los caudillos y escaseado los líderes.  Los grupos caudillistas abundan más que los partidos políticos.

En la actualidad colombiana sólo merecen en alguna medida el nombre de partidos los dos tradicionales, el liberal y el conservador, aunque en los dos el compromiso con proyectos y objetivos comunes dirigidos al interés general está opacado por el halago de los puestos en el segundo y la viudez del poder y la burocracia en el primero. Los demás son grupos caudillistas.

El caso del partido de la U y su servilismo, es manifiesto. Uribe es para ellos la razón de su existencia; sin él desaparece, ya que la mayoría de sus integrantes están allí al amparo de una buena cobija.

En Cambio Radical sucede algo parecido; se organizó alrededor de la persona de Lleras y en función de una futura candidatura presidencial suya; por ese motivo hoy está en crisis y tiende a diluirse, pues su jefe ha perdido influencia y no tiene un futuro despejado.

El Polo democrático está dividido alrededor de unos caudillos no con aspiraciones de servicio a la patria, sino con ambiciones de poder.

Nuestra democracia es muy frágil, pues carece de verdaderos y sólidos partidos políticos y escasean los auténticos líderes.

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