domingo 01 de febrero de 2009 - 10:00 AM

Recorriendo Bolivia (VI)

La agenda turística nos programó una visita a la famosa mina. Como primera medida nos condujeron a una casucha fea, sucia y maloliente donde nos esperaba el guía-especialista: se trataba de un minero que había abandonado su tarea y se había convertido en agente turístico ya que, como nos explicaba, el trabajo de minero era tan malsano y peligroso que el promedio de vida allí es de 30 a 40 años.

De ahí que las madres pobres de Potosí aconsejen a sus hijas que se casen con un minero ya que 'les dará mucha plata y se morirá primero'. El guía-minero nos llevó a una habitación donde debíamos vestir las botas, un overol, un casco, una linterna y una pila ceñida a la cintura. El lector se imaginará la suciedad de tales adminículos. Menos mal que nuestro ilustrado guía llevaba unas bolsas de plástico para cubrir nuestras medias y así evitar infecciones en los pies.
 
Vestidos cual marcianos nos dirigimos caminando con dificultad hacia la entrada de la famosa mina. Antes de hacerlo compramos para pagar la entrada a los mineros una bolsa de hoja de coca, una botella de alcohol, cigarros y un taco de dinamita. Todo esto lo venden en la calle como cualquier mercancía. Los mineros en efecto se 'drogan' con coca y alcohol para poder aguantar jornadas de 6 horas para sacar en vagonetas la mayor cantidad de tierra, ya que les pagan a destajo. Para hacerlo van provistos de los adminículos del minero, de porra y cincel y de dinamita a la cual acuden cuando la montaña en muy dura.

Nos imaginábamos entrar por amplias puertas y socavones semejantes a las minas de sal de Zipaquirá y Nemocón. Así era hasta hace unos años cuando las pequeñas cooperativas (hoy existen 90 de ellas) impidieron continuar con la explotación mecanizada, temerosos de perder su trabajo. La falta de visiones de vida y altas aspiraciones, lo mismo que la carencia de un lúcido liderazgo hace que los trabajadores se auto sometan a indignas condiciones de trabajo. Las cooperativas de Bolivia, favorecidas por el gobierno, se oponen a las comodidades del progreso tecnológico. El problema se ha presentado históricamente en otros lugares pero fue resuelto con estrategias inteligentes.  Quien visite China encontrará al lado de fábricas modernas, centros de trabajo artesanal en condiciones dignas donde se elaboran artículos artísticos de gran plusvalía.

Las minas de Potosí son ahora unos 90 agujeros donde en condiciones sórdidas y humillantes trabajan como topos unos 4.000 mineros con el peligro de que un día no lejano la montaña colapse causando una tragedia. Por tales rotos apenas si pueden pasar dos personas bien agachadas y por su centro transitan por rieles vagonetas empujadas manualmente. Tales socavones son gélidos y húmedos, y carecen de adecuada iluminación y ventilación.

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