domingo 05 de abril de 2009 - 10:00 AM

Recorriendo Bolivia (X)

Lo primero que hicimos al regresar a Uyuni fue ir a las Urgencias del Hospital del pueblo, pues una hermana se encontraba gravemente enferma.  Allí estábamos, atendidos pobre pero magníficamente por amables servidores de la salud, cuando nos avisaron que finalmente, en medio de una ventisca de arena, el esperado avión había logrado aterrizar. En el improvisado aeropuerto nos esperaba una desvencijado avión DC3 de la segunda guerra mundial.

El piloto estaba fuera de sí por nuestra demora, pues en el atardecer se desatarían tormentas de arena. Finalmente, ayudados por la tripulación, pues la ventisca era poderosa, logramos abordar el avión salvador en lamentable situación de salud.

En mi vida fue la primera vez que tuve miedo de abordar. Aunque sabía que el DC3 era estadísticamente el avión más seguro del mundo, su estado era lamentable y los vientos de arena amenazaban sacarlo de la pista. Finalmente nuestro valeroso piloto logró que el avión tomara vuelo y en medio de mecidas y sacudones logramos llegar a Cochabamba.

Allí nos esperaba la coordinadora general del viaje, una mujer amabilísima, quien nos condujo a un Centro Médico que aceptó nuestro seguro de salud y donde nos trataron muy bien.  Estábamos deshidratados ya que nuestra comida por tres días fue galletas, agua de botella, aguas aromáticas y mandarinas. Algo nos repusimos y fuimos invitados por la anfitriona a un restaurante italiano donde nos sirvieron deliciosos platos de los cuales debido a mi estado estomacal, fue poco lo que pude saborear.

El hotel donde nos albergamos es muy confortable y sobre todo con una comida sana y magnífica; allí descansamos tranquilos aquella noche. En la mañana debíamos tomar el avión que nos llevaría a visitar durante tres días La Paz, pero nuestras fuerzas nos fallaban y era muy riesgoso subir a más de 4.000 ms. de altura, por lo cual decidimos perder el pasaje y dedicarnos ese día a descansar en tan plácido clima y confortable hotel.  Por la tarde, la Coordinadora nos organizó un breve tour por la ciudad.

Cochabamba es una ciudad muy agradable, limpia y tranquila, de un 300.000 habitantes, de clima templado y situada junto a un lago.  Vimos el castillo de unos 10.000 m2 de construcción, propiedad del Barón de Le Sanne, un indio que se enriqueció con una mina, compró la Baronía y edificó el Castillo que no logró habitar, pues murió antes de su inauguración. Fuimos después al Convento de Santa Teresa, una de esas enormes cárceles, amplias jaulas de cemento, donde los ricos y 'cristianos ' españoles por razones económicas y de prestigio encerraban a perpetuidad a muchas de sus hijas.

Quienes condenaban a algunas tribus por sus cultos sangrientos a los dioses, sacrificaban a sus hijas a prisión perpetua en honor del bondadoso Padre Dios para poder así asegurarse la salvación eterna.  

Al día siguiente, antes de tomar el avión para La Paz, paseamos plácidamente por las calles pues ese día (domingo) se realizaba el día sin carro.

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