domingo 15 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

Superar nuestra 'hipopotamitis'

Carecemos de reflexión. Llevados por la anecdótica turbulencia de los acontecimientos que vertiginosamente se suceden y manipulados por los medios de comunicación, no nos paramos a hacernos las verdaderas preguntas ni a centrarnos en nuestros reales problemas ni a formular proyectos de solución. Sobran ejemplos para ilustrarlo. En un escrito anterior analicé dos de ellos. Presento aquí otros.

Está de moda acaparar rating con la violencia sobre nuestros niños. Infantes son violados y asesinados hasta por sus padres. Los casos de Chía y Piedecuesta, con razón, nos conmocionaron; con todos sus detalles ocuparon morbosamente la primera plana y extensas crónicas en nuestros periódicos; por abundantes horas; cual en un espectáculo circense, fueron 'deleitados' los televidentes. Pocos párrafos y minutos se dedicaron a llamar la atención sobre la tragedia de las relaciones familiares, analizar sus causas y proyectar soluciones. Análogamente, es gravísimo el aumento de la delincuencia entre menores de edad y la violencia en las instituciones escolares, como lo ilustran las macabras crónicas diarias. Hemos llegado hasta el colmo de que dos bandas de 300 integrantes se citaron por Internet para 'arreglar cuentas' en un encuentro callejero, sin que ninguno de sus padres se diera cuenta. ¿Qué pasa en nuestras familias? ¿Como detener su desintegración?

Estuvimos engolosinados con las intrigas de nuestros congresistas en la elección de sus mesas directivas. No centramos nuestra atención sobre ese circo a que están reducidos los entes de representación popular y la abyección a que han llegado nuestros 'partidos' políticos causantes de toda la corrupción política y el despelote en que nos encontramos.

Los problemas políticos que nos han tenido en vilo son los anecdóticos de la reelección y la sucesión de Uribe.  La lista para sucederlo es creciente. El problema no es Uribe o no-Uribe.  La pregunta no debe ser '¿después de Uribe, quién?' sino '¿después de Uribe, qué?'. ¿Qué proyectos de país, qué alternativas presentan tanto uribistas tomo antiuribistas? ¿Qué país vamos a dejar a las futuras generaciones? Y lo peor de todo es que entre nuestros jóvenes hay poca preocupación y reflexión; algunos son manipulados por los demagogos de siempre; la mayoría permanece en la indiferencia.

El liderazgo de nuestros 'intelectuales' de derecha e izquierda, cuando existe, es pobre, irreflexivo o dogmático y sus actuaciones a veces rayan en lo ridículo y repugnante, como la vergonzante visita a Chávez.  ¿A dónde ha ido a parar el equilibrio y la seriedad de algunos columnistas? ¿Cuándo y cómo nos sacudiremos de nuestra modorra intelectual?  O ¿aceptaremos ser meros espectadores o profetas de desventuras?

La meta es la construcción de una comunidad reflexiva, pensante, participante, amante, armoniosa y solidaria. Sus caminos: la reconstrucción de los lazos familiares y sociales; una educación centrada en valores; unos órganos políticos éticos y democráticos; unas estructuras sociales justas, donde se respete la dignidad humana, los derechos humanos fundamentales se hagan realidad.

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