domingo 13 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

Tolú y Coveñas

Fiel al pensamiento de Jean-Marie Le Clezie, premio Nobel de Literatura 2008 que 'escribir no es sólo estar sentado en tu mesa contigo mismo, sino escuchar el ruido del mundo', y gracias a un paseo organizado por Favuis, pude satisfacer mi larga aspiración de visitar este fascinante rincón de Colombia.

No sólo me atraían los numerosos comentarios sobre la belleza de esos lugares, sino la trágica historia recientemente vivida por sus pobladores, víctimas de la violencia guerrillera y paramilitar. No quería opinar sobre su doloroso transcurrir, sus causas y consecuencias sin un conocimiento, así fuera superficial, de esos sitios y de la experiencia de sus habitantes. Hicimos el largo de trayecto por tierra, transporte que permite no sólo trasladarse de lugar en lugar sino observar la topografía, el escenario socioeconómico y las formas de vida y modo ser de sus habitantes.

El trayecto hasta Bosconia por tierra hacia la Costa atlántica es conocido por la mayoría de los lectores. Desde Bosconia se emprende una travesía transversal y en línea recta hasta El Plato, donde se cruza el río Magdalena, Carmen de Bolívar y Sincelejo.

La carretera tan importante económica, estratégica y turísticamente que pasa por los departamentos de Cesar, Magdalena, Bolívar, Córdoba y Sucre, aunque de fácil conservación, se encuentra en muy regular estado.

A partir del río son numerosas las casas, negocios, albergues, bombas de gasolina abandonadas y desoladas cual después de una guerra. Sus pocos moradores son serios y cautelosos y escasea la pachanga y alegría características de la tierra caliente y del talante costeño. En sus rostros todavía se reflejan los miedos, las pérdidas, las heridas y las angustias. Los viejos comparan su actual pobreza y soledad con su anterior bonanza; las madres lloran todavía a sus hijos llevados a la fuerza para la guerrilla o masacrados por los paramilitares. Los jóvenes reinsertados o desmovilizados buscan rehacer sus vidas. Las fértiles tierras otrora reservas agrícolas, están escasamente cultivadas y los grandes hatos ganaderos han desaparecido casi en su totalidad.

Llegamos a nuestra meta agobiados por el cansancio. Pero nuestro esfuerzo sería ampliamente recompensado. Los paisajes de esos sitios son arrobadores y sus playas maravillosas dentro de un estupendo escenario topográfico.

Las playas de Tolú y Coveñas y en general del golfo de Morrosquillo, son cual lagos interiores de aguas tibias y transparentes, donde las olas no sacuden sino que acarician, mecen y arrullan a quienes en ellas se sumergen. Los turistas, niños, jóvenes, viejos e inexpertos en natación, pueden adentrase en ellas con toda tranquilidad. Sus pisos son de finas y blancas arenas o están cubiertos por verdes y suaves tapetes formados por las algas, suaves masajistas de los pies descalzos y cansados, aunque uno que otro cangrejo pueda turbar la tranquilidad con un leve mordisco.

COLETILLA: Invito a los empresarios nacionales y extranjeros a invertir en Morrosquillo, mina inexplotada de bellezas sin par.

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad