jueves 25 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

Dignidad y renuncia

El debate central es en punto a si Arias debe renunciar o no, básicamente por la dignidad que ostenta y porque ahora su paso por el Congreso va a estar permeado de un reproche moral.
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Compleja es la situación de Jennifer Arias, la presidenta de la Cámara de Representantes a la que se le denuncia de haber cometido plagio en su tesis de maestría. Arias, según se le reprocha, supuestamente cometió el delito de violación a los derechos morales de autor, que no es otra cosa que hacer ver un documento original como propio sin ser el creador.

Recientemente la Universidad Externado publicó un comunicado en el que señala que en efecto, luego de usar un programa especializado y someter el documento a la valoración de un experto, se presenta una de las modalidades de plagio y que por ende solicitará al Consejo de Estado que anule el título de maestría obtenido. Igualmente se compulsaron copias a la Corte Suprema para que investigue a Arias.

En el plano judicial la situación es sencilla para la congresista, por una razón elemental: el tiempo transcurrido. En primera medida, y en lo que a la anulación del título respecta, dificilmente la Universidad podrá explicar que le era imposible detectar el fraude; esto, luego de haber hecho uso de todos los mecanisnos internos; someter el texto a valoración del director de tesis; y hacer la socialización respectiva. La caducidad de la acción es evidente. Y, en segunda medida, basta con verificar que el delito por el que se procesa a Arias tiene una pena menor, lo cual indica que la conducta ha prescrito.

Personalmente creo que la Universidad debió permitir a Arias dar las explicaciones del caso. Flaco favor se le hace a la comunidad cuando, desde cualquier institución, se adelantan pesquizas de espalda a los interesados.

Aun con todo lo anterior, el debate central es en punto a si Arias debe renunciar o no, básicamente por la dignidad que ostenta y porque ahora su paso por el Congreso va a estar permeado de un reproche moral. Acá está el punto importante: los representantes del pueblo deben garantizarle a sus electores que su legitimidad no va a estar en juego. Así lo valoró precisamente ayer la primera mujer elegida como primera ministra de Suecia que, luego de que un partido dimitiera de ser su aliado, dijo: No quiero dirigir un gobierno cuya legitimidad está en entredicho. Ya veremos.

RODRIGO J. PARADA
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